Identificación digital ID-2020, el terrorífico plan de Bill Gates para controlar a la humanidad

Hay que despertar, hay que aprender a pensar y a practicar la gimnasia mental del discernimiento. La crisis actual, con todos sus vectores puede ayudarnos mucho si sabemos hacer un análisis profundo. En estos momentos, la sociedad global espera la salvación por parte de sus sanitarios, sus políticos y sus científicos que, de la mano, vendrán con la ansiada vacuna que se viene anunciando, es decir, la pura dialéctica hegeliana de “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, la sociedad pide medidas, y quien creó el problema llega con la solución y todos a aplaudir. Esto ocurre muy a menudo en nuestra sociedad. Por eso digo que hay que madurar mentalmente para superar esta condición psicológica humana que aflora en situaciones de crisis, que tan bien conocen los expertos en manipulación de masas. Decir que todo estaba previsto parece un desafío, pero así es y así lo venimos advirtiendo desde hace tiempo.bill-gates

Hace tres años, Bill Gates habló de la amenaza de una pandemia, no porque sea un visionario, sino porque es el “dueño” del problema y de la solución. A este respecto, en un artículo publicado el 26 de febrero de 2017, titulado El mecenas del mal, Bill Gates, anuncia la muerte, escribí estas palabras, que cada día se parecen más a la realidad que vivimos:

“… el anuncio del magnate fue un adelanto para que nuestros sistemas de salud vayan rellenando los formularios de pedido de millones de dosis de vacunas y antivirales. Ha dicho que ya están preparadas. Llegado el momento, la Organización Mundial de la Salud –financiada en su mayor parte por laboratorios farmacéuticos y particulares, como el propio Gates—sacará las banderas rojas de pandemia y ¡ya está el show completo! Lo peor de todo es que las personas con un sistema inmunitario más endeble, morirán, sí o sí. ¡Justo lo que pretenden!”.

Y continuaba en otro párrafo:

… cuando menciona los virus de laboratorio, debería explicar quiénes son los dueños de los virus de nuevo cuño y de aquellos que aún no han “soltado”; que nos hable de la marca Rockefeller y su relación con el zica; y de los contactos de su Fundación Bill & Melinda Gates con los laboratorios biológicos del hospital Kenema (Sierra Leona), donde ¡oh, casualidad!, empezó el brote del ébola; o de las actividades de Soros en la financiación de armas biológicas; que nos diga si este le hizo alguna confidencia sobre el avión NH17 derribado en Ucrania, en el que ¡más casualidades!, viajaba el consultor de la OMS en Ginebra, experto en sida y en el virus del ébola […] y ya puestos, no quiero quedarme con las ganas de decir que toda esta gente: Bill Gates, Rockefeller, Soros, Kissinger, Rothschild, McNamara y demás tropa del mismo jaez, son los seres más despreciables del planeta, los grandes enemigos de la humanidad.

El 28 de enero de 2020, cuando aún no había irrumpido el coronavirus en España, bajo el título ¿Qué hay detrás del coronavirus?, decía:

… Ahora le toca el turno al coronavirus de Wuhan. […] Lo realmente preocupante es que la patente de este virus pertenece nada menos que a Bill Gates. […] Bill Gates predijo una gran pandemia no porque sea adivino, sino porque fabrica vacunas, transgénicos y agroquímicos. Además, su fundación aporta miles de millones a la Organización Mundial de la Salud, con lo cual tiene capacidad de decisión sobre qué medicamentos se aprueban y cuáles se rechazan o retrasan. Increíble, pero cierto. Y para más coincidencia, lo cual no nos extraña, George Soros es accionista de un laboratorio de investigación bacteriológica ubicado en el sector de la ciudad china de Wuhan, donde han aparecido los primeros contagiados. ¿No es extraña tanta coincidencia? ¿Se dan cuenta de la gravedad? Pero hay más. Tres meses atrás, el científico Eric Toner del Centro John Hopkins para la Seguridad de la Salud, realizó una simulación de una pandemia global con un coronavirus denominado Caps. En este proyecto colaboró el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill & Melinda Gates –otra vez el inefable—. Se trataba de ver las consecuencias de una pandemia originada en una granja de cerdos en Brasil. En la simulación, el coronavirus era resistente a cualquiera de las vacunas existentes en la actualidad. El simulacro del brote empieza en una escala muy pequeña, pero a los seis meses se había propagado por todo el mundo. A los 18 meses el total de fallecidos había alcanzado la cifra de 65 millones de personas. Se destaca en este proyecto ficción el hecho de no disponer de una vacuna para detener las muertes. No dudamos que, si al sistema le interesa, Bill Gates o uno de sus socios megalómanos conseguirán sacar una vacuna al mercado, que se dispensará sí o sí con carácter obligatorio. Lo que contendrá la vacuna en sí lo ignoramos, pero podemos columbrar que nada bueno. Quizá algo que nos libre de la muerte momentánea, pero que nos esclavice de por vida. No creo que sea en esta oportunidad, pero según datos que tememos, los “señores” del NOM aprovecharían un estado de alerta mundial para implantar el chip de manera obligatoria. Se trata de una jugada maestra, porque ninguno de nuestros políticos podría defendernos al tratarse de medidas globales. Hasta aquí las autocitas.

Pues, bien, las cosas continúan su curso y parece que lo que vaticinamos hace años está al caer. Se acerca la hora de la esperada vacuna obligatoria y el terrorífico chip, de la mano de nuestro inefable Bill Gates. Lo que anuncia este profeta de calamidades respondiendo a preguntas sobre el coronavirus, en una sesión de Reddi, que publican algunos medios que ya han sido censurados, de los que también se hace eco “El Independiente”, es para poner los pelos de punta, salvo a los realmente malvados o a los tontos útiles que abundan más de lo que parece.

El magnate anunció que piensa poner a disposición de los gobiernos del mundo “cápsulas implantables, también llamadas microchips, para humanos que tienen certificados digitales”, con el fin de identificar a los afectados por el Covid-19. Estos microchips mostrarían –en este caso particular— quién se ha sometido al test del coronavirus y quién se ha vacunado contra él. Los certificados digitales de Gates no se refieren a nada de lo que conocemos, sino a una especie de “tatuajes de puntos cuánticos” que detectarán a los no vacunados. Hace tiempo que investigadores del MIT y de la Universidad Rice trabajan en ello, como un sistema óptimo de control. “El cuántica tatuajes DOT implica la aplicación de azúcar soluble basado en microaguja que contiene una vacuna y puntos cuánticos al cobre fluorescente incorporado en cápsulas biocompatibles en la escala de micras”.

Esto será implementado a través de la compañía ID2020 cuyo propietario es, ¡bingo!, Bill Gates. Según el falso filántropo, tan acostumbrado a vender sus patrañas, “esto resolvería el problema de más de mil millones de personas que viven sin una identidad oficialmente reconocida”. ¡La misma explicación que da a la implantación de los transgénicos! ¡Siempre haciendo el bien! Hay que tener caradura y hay que estar muy convencido de que habla para el pobre rebaño humano.

El chip del que venimos hablando hace tiempo es un proyecto paralelo que también financia la Fundación Bill & Melinda Gates, que asimismo dirige el citado MIT. Se trata de un artilugio del tamaño de una cápsula medicinal que se implanta en la base del dedo pulgar –en los países nórdicos lo están haciendo de manera voluntaria—, que contendría toda nuestra información, incluso la más privada.

Para el proyecto de identificación digital, la ID 2020 está unida a las empresas IDEO, Accenture, Gavi y la Fundación Rockefeller. Las hermanitas de la caridad no andan por aquí, precisamente. En cambio, ¡¡¡cómo no!!! sí está la ONU, que ha arropado el proyecto bajo el “cabetodo” denominado “Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas”.

No es difícil concluir que estamos en las peores manos, viviendo además  etapas tormentosas, y hay que prepararse para ello. La gente buena es la esperanza. Tengo siempre presentes las palabras de Edmund Burke, “para que el mal prolifere, basta con que los buenos no hagan nada”. Hay que ser buenos y hay que hacer cosas. Es necesario fomentar la bondad per se. La información de calidad es de suma importancia en estos tiempos en los que no podemos fiarnos de nadie. Es hora de estar alerta, de colaborar, cada uno en su medida y en lo que pueda para crear una realidad distinta. No podemos caer en el desánimo de los cobardes. Somos la esperanza y somos muchos. Recordando la bellísima parábola del grano de mostaza, yo creo que podemos hacer de nosotros un gran árbol al que todos los pájaros acudan a anidar en sus ramas.

El trabajo de abrir ojos, mente y corazón.

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Sw. Veet Agustin

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Periodista digital