Para el mundo yo no soy igual a un hombre

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Para el mundo yo no soy igual a un hombre

«Para el mundo yo no soy igual a un hombre. Morir fue mi culpa, siempre va a ser.»

El asesinato de dos viajeras argentinas en Montañita, Ecuador, ha generado un fuerte debate sobre la violencia de género en América Latina.
Reproducimos parte del texto que se viralizó sobre el asunto.
2016
Ayer,hoy,mañana…
Mañana no, si hoy
no sigo callando.
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Sw. Veet Agustin

No soy …

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No soy ...

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No voy a poder.
No sé hacerlo.
Soy demasiado joven, soy demasiado vieja, soy demasiado torpe.
Estoy muy delgada, estoy muy gorda.
Soy incapaz.
No sirvo para nada.
No puedo dejarlo.
Nadie me entiende.
Soy una inútil.
Me equivocaré.
He sufrido demasiado.
Ya no hay nada que hacer.
¿Mi falda es demasiado corta? ¿demasiado larga? ¿demasiados colores?
Mi nariz es demasiado grande, demasiado pequeña, demasiado torcida, demasiado todo. Como demasiado.
Como demasiado poco.
No soy creativa.
Estoy perdida.
No sé qué decir.
Nadie me escucha.
No lo conseguiré.
Soy demasiado educada, demasiado maleducada, demasiado seria, demasiado extrovertida.
¿Al bosque, sola?
¿Al mar, sola?
¿De viaje, sola?
¿De noche, sola?
No sé dónde ir.
Sola no puedo.
Debería haber estudiado más.
Debería haberme divertido más.
Me da vergüenza.
Soy tímida.
Soy celosa.
Soy neurótica.
Es normal que se enfaden conmigo.
Soy insoportable.
No puedo cambiar.
Tengo miedo.
Tengo miedo.
Tengo miedo.

Y así seguimos forjando la personalidad de nuestras hijas.

Y así cientos de Mujeres van apareciendo muertas.

Y así, el mundo se va apagando.

¡El cambio está en ti, YA!

¡El cambio eres tú!

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Sw. Veet Agustin

¡A todas las mujeres del mundo, sed fuertes!

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¡A todas las mujeres del mundo, sed fuertes!

Esta es la historia de Kim Bok-dong, surcoreana de 90 años de edad a quien el ejército japonés se llevó de su pueblo natal durante la Segunda Guerra Mundial. Fue sometida diariamente a abusos sexuales, en lo que se conoce como “confort woman” o mujer de solaz para capricho y satisfacción de los soldados. Una mujer valiente que alza la voz para denunciar estos abusos.

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Kim Hak-soon fue la primera superviviente en hablar públicamente del sufrimiento como "confort woman". © Consejo Coreano de Mujeres Reclutadas por Japón para la Esclavitud Sexual

Tenía 14 años cuando me vi arrastrada a la fuerza a la esclavitud sexual por el ejército japonés. Dijeron que me contratarían como operaria de fábrica, pero en vez de eso nos llevaron a muchas hasta Taiwán, Hong Kong, China, Malaisia e Indonesia. Yo estaba con la comandancia del ejército, así que prácticamente fui a todas partes con ellos.

No tengo palabras para describir lo que me hacían los soldados todos los sábados, desde el mediodía hasta las cinco de la tarde; y los domingos, de ocho de la mañana a ocho de la tarde. Al final del día no podía ni incorporarme. Tras ocho años de suplicio me pusieron a trabajar en un hospital del ejército. Su intención era ocultar cualquier prueba sobre las “confort women”.

Ni siquiera me enteré de que la guerra había terminado. Cuando volví a casa tenía 22 años. ¿Cómo iba a contarle a nadie lo que me había sucedido? Mis padres no dejaban de decirme que me casara, pero no podía. Al final tuve que decirles la verdad. Al principio no me creyeron, y después dijeron que, al menos, había sido afortunada por sobrevivir a todo aquello. Han transcurrido varias décadas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y Japón todavía no ha dado una respuesta adecuada. Si nuestro propio gobierno no se esfuerza en este asunto, ¿con quién vamos a hablar? Esa es la razón de que sigamos luchando.

Me impliqué en el movimiento de las “confort women” en cuanto se formó, por tanto hace 20 años. Un día estaban pidiendo informes de las “confort women” que habían sobrevivido. Así que llamé. Vinieron a verme unas personas y algunos periodistas. No recuerdo la fecha exacta, pero el Consejo Coreano de Mujeres Reclutadas por Japón para la Esclavitud Sexual llegó hasta mí y desde entonces estoy con ellas. Al principio fue realmente difícil, pero no podía quedarme cruzada de brazos cuando todas esas personas acudían todos los miércoles a manifestarse por nosotras. Ahora yo también protesto todos los miércoles ante la Embajada. Reclamamos a gritos al gobierno japonés que pida perdón. En este tiempo hemos establecido lazos afectivos entre nosotras, como no podía ser de otra manera.

Cuando asistí a la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de la ONU en Viena en 1993, muchas mujeres de todo el mundo gritaron con nosotras, por nosotras. Aprecio sinceramente el apoyo de otros Estados. Hablan como si estuvieran dispuestos a trabajar a nuestro lado ya mismo. Pero pienso que deben presionar más a Japón si de verdad quieren ayudarnos. Y no parece que sepan que esto no sólo les sucedió a mujeres coreanas. Todos los países cuyas mujeres lo sufrieron deben cooperar más activamente en la protesta contra la negación del gobierno japonés. Todos esos países probablemente conocen los delitos y saben que estuvo mal. Deben cooperar [entre ellos] y pedir a Japón que acepte recomendaciones y dé importancia al reciente proceso de examen periódico universal de la ONU. Estoy deseando que, en vez de palabras, tomen más medidas que ayuden a mantener la presión sobre Japón.

Han pasado varias décadas pero nada se ha resuelto. Cuando oigo hablar de simpatizantes en todo el mundo me siento muy agradecida, y gracias a eso tengo esperanza en que esta lucha pueda terminar pronto. Confío en que cada vez más gente alce su voz para que este asunto se resuelva. Debemos permanecer fuertes y no rendirnos. También pido a las mujeres jóvenes y a los estudiantes que se sumen a nuestra lucha por la justicia: vuestras voces y acciones serán enormemente apreciadas.

Yo ya tengo 90 años, y lógicamente esto me fatiga. Pero quiero recibir en persona las disculpas del gobierno japonés. No lo hago por dinero. Solo quiero que el gobierno japonés lamente sus acciones, asuma la responsabilidad de lo que hicieron, nos pida perdón a todas y respete nuestros derechos humanos.

A todas las mujeres del mundo, sed fuertes. ¡No a la guerra! ¡No a la violencia contra las mujeres!

Así que dices que quieres un hombre consciente

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Así que dices que quieres un hombre consciente

Así que dices que quieres un hombre consciente, ¿eh?
¿Te das cuenta que esto requeriría que tú seas una mujer consciente, verdad?
¿Sabes lo que eso significa? ¿Entiendes las demandas que inevitablemente vienen con esto?
Requiere tu TODO.
Requerirá que seas dueña de tu mierda, toda, incluso las más profundas, oscuras, ocultas, y desagradables partes.
Te verás obligada a enfrentar:
La bruja perversa dentro de ti.
La perra manipuladora que simplemente tiene que hacer todo a su modo a pesar del costo.
La prostituta que se vende.
La niña herida y necesitada que quiere que constantemente se le reafirme desde el exterior.
La destructiva mujer salvaje que derribará una ciudad entera simplemente porque se le da la gana.
La madre malsana que trata a su hombre como a un niño pequeño en lugar de como su amante.
Los años de ocultar las partes del “yo” que no son aceptadas en nuestra sociedad tendrán que acabarse.
 
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Tendrás que mirar directo a los ojos a tu desconfianza de lo masculino y decirle “jódete”.
Tendrás que ser consciente cada vez que sientas que tu cuerpo o tu corazón se cierran. Y entonces tendrás que trabajar para abrirlos. Tendrás que dejar ir la rabia, el pesar y el dolor que sientes hacia él.
Tendrás que dejarte caer en un lugar de completa confianza y de corazón abierto, para que este hombre consciente te pueda llevar a lugares a los que nunca jamás podrías imaginar o no habrías ido por tu cuenta.
Hay una razón por la que ansías a un hombre consciente. Tu corazón y tu alma saben lo que es posible.
Pero debes estar dispuesta a hacer el trabajo para llegar allí. Este no es un paseo de hadas por el aire, y no es para los débiles de corazón.
Hablar con tus ángeles no te llevará allí.
Abrir tu tercer ojo no te llevará allí.
Andar por la superficie y darle vueltas a la verdad de lo que eres, no te llevará allí.
Conocerte a ti misma te llevará allí. Conocer, ver, abrir y aceptar todos los aspectos de ti misma te llevará allí.
Dejar ir las barreras alrededor de tu corazón, tu vientre, tu yoni y cada otra parte de tu cuerpo te llevará allí.
Perdonar a cada hombre que te ha lastimado en esta vida y en todas las otras vidas que has vivido te llevará allí.
Perdonarte a ti misma te llevará allí.
Hay dos maneras de hacer esto:
1.- Haces el trabajo por tu cuenta. Abres, sueltas, sanas, llegas a la totalidad por tu cuenta y luego te encuentras con un hombre consciente que está en el mismo nivel que tú.
2.- Lo hacen juntos. Con un hombre que te encuentre en el punto donde estás ahora mismo. Evolucionan juntos. Él se convierte en conciencia, tú te conviertes en amor.
Esto es lo que es verdad, siempre atraes e inspiras a un hombre tan profundamente comprometido con la apertura al amor como lo estás tú, en este preciso momento; lo que significa que un hombre será consciente y presente en el mismo grado en que tú estés irradiando amor y permitiendo a la fuerza de la vida fluir a través de ti.
Si quieres un hombre consciente, ¡ve a buscarlo!
Pero no esperes que caiga rendido en tu regazo. No lo hará. Es contra toda ley natural que existe.
Haz el trabajo con un hombre que te encuentre donde estás ahora o haz el trabajo por tu cuenta, hasta que un hombre en el mismo punto que tú te encuentre.
Todo lo demás son solo buenos deseos y cuentos de hadas.
Reflexión: Sabrina Lynn
Si queréis saber sobre este trabajo, os podéis poner en contacto con escuela@escueladesexualidadsagrada.es
Hay una formación sencilla y poderosa sobre ello y estaremos encantados de atenderos. Abrazos.

Conocerte a ti misma te llevará allí.

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Sw. Veet Agustin

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Escuela De Sexualidad Sagrada

La mujer que se ama

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La mujer que se ama

La mujer que se ama no tiene miedo de perder a ninguna persona que no se sienta afortunada de tenerla.
La mujer que se ama sabe pedir lo que quiere con amor y autoridad a la vez.
La mujer que se ama no se sacrifica por nada ni nadie, hace su mejor esfuerzo solamente.
La mujer que se ama come sanamente, cuida su cuerpo, su sueño, su descanso, su tiempo, sus silencios.
La mujer que se ama se ve al espejo y se gusta, se siente afortunada de ser quien es y orgullosa de sí misma.

La mujer que se ama disfruta mucho su soledad, su tiempo con ella misma, se siente completa estando sola.
La mujer que se ama estudia, se prepara, se supera a sí misma, para ser mejor y no para agradar a nadie más.
La mujer que se ama es buena con ella misma, se habla amorosamente, se tiene paciencia, se perdona todo y se da todas las oportunidades que sean necesarias.

La mujer que se ama no hace de otra persona su vida, sino que hace su vida e integra a esa persona.

La mujer que se ama no siente que no es suficientemente buena, ni anda haciendo cosas para comprobar lo contrario.

La mujer que se ama no sufre por nadie, es compasiva, generosa y amorosa, pero no se atormenta por quien no está a la altura del cariño que ella es capaz de darle.

La mujer que se ama puede incomodar a las demás con la seguridad en sí misma y aun así no se opaca para no ser envidiada.

La mujer que se ama no se deja de nadie y sabe poner límites a las demás personas con quien interactúa.
La mujer que se ama no se anda con juegos: Sí es sí y No es no.

La mujer que se ama no anda vigilando ni tratando de controlar a nadie, no deja que los celos le consuman la cabeza porque sabe que ella es única, especial e irreemplazable.

La mujer que se ama se da su lugar, no ruega, no llama, no busca, no se arrastra sino que se deja conquistar.

La mujer que se ama, ama a su pareja por las razones adecuadas y no por los cuentos que ella misma se cuenta en su cabeza.

La mujer que se ama es feliz, se tiene confianza, se atreve a hacer lo que quiere a pesar del miedo, se atreve a correr el riesgo de fracasar porque también sabe que si las cosas salen bien pueden llevarla a donde quiere.

La mujer que se ama no se da por vencida, llora, berrea, patalea y se levanta con dignidad una y otra vez.

La mujer que se ama se conoce a sí misma, se autobserva, ve sus errores y se auto corrige con amor y paciencia, sin juzgarse.

La mujer que se ama, sabe lo que vale, ve sus cualidades y trabaja en sí misma para potenciarlas al máximo.

La mujer que se ama no se siente menos por no cumplir con las expectativas de las demás, incluyendo a su familia.

La mujer que se ama tiene actitud de campeona y no actitud de víctima de nadie.

La mujer que se ama nunca hace lo que no quiere hacer solo para complacer a otras porque sabe que eso a la larga le llenará de frustración.

La mujer que se ama asume las consecuencias de ser ella misma al máximo, diga lo que diga la gente.mujeres

La mujer que se ama no siente ni celos, ni envidia de ninguna mujer, sino que se inspira al ver lo que otras han alcanzado para lograr por ella misma lo que desea.

La mujer que se ama tiene carácter, no es sumisa, ni abnegada, ni dejada. No depende de nadie, ni anda esperando que otras le resuelvan la vida. Ella va y se sirve sola.

La mujer que se ama da todo sabiendo que merece recibir todo lo que da.

La mujer que se ama no abusa de nadie ni tampoco anda salvando a nadie.
Ella no regala el pescado sino que enseña a pescar por sí misma a la otra persona.

Y es que cuando una mujer se ama, no tiene que decirlo, se le nota.

Adaptación de un texto extraído de Mindalia, con gratitud hacia la idea original de Sonia Mirambell Palomares.