El día internacional de la solidaridad humana es…

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El día internacional de la solidaridad humana es...

Un día para celebrar nuestra unidad en la diversidad.
Un día para recordar a los gobiernos a que respeten sus compromisos con los acuerdos internacionales.
Un día para sensibilizar al público sobre la importancia de la solidaridad.
Un día para fomentar el debate sobre las maneras de promover la solidaridad para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, incluida la erradicación de la pobreza.
Un día de acción para fomentar nuevas iniciativas para la erradicación de la pobreza.

 

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(Fuente: http://www.un.org/es/events)

L@s colaboradores y amig@s de Asha-Kiran, comprenden que, sin el impulso y la orientación que brinda un espíritu SOLIDARIO, poco podemos aportar en la labor de construir un mundo diferente.

Construyamos JUNTOS.

La humanidad lo necesita.

Asha-Kiran es una ONG con Proyectos de actuación centrados en la defensa de los Derechos de la Infancia en comunidades desfavorecidas de Pune (India).www.asha-kiran.es
Te animo a colaborar en su labor.

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Sw. Veet Agustin

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¿Tu verdad? no, la verdad

Antonio-Machado

¿Tu verdad? no, la verdad

¿Tu verdad? no, la verdad;

y ven conmigo a buscarla.

La tuya guárdatela.

Antonio-Machado
La tolerancia sin duda es algo que queda bien, está de moda. Aunque lo que subyace en muchos casos es un relativismo de fondo, me parece que muchas veces es también un asunto de terminología. Deberíamos distinguir entre verdad, certeza y opinión para no confundir los términos.
Opinión es el dictamen, juicio o parecer que se forma de una cosa cuestionable.
Certeza es el conocimiento seguro y claro de alguna cosa.
Verdad es la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.
Así pues, yo puedo tener una opinión sobre una verdad y la puedo tener con más o menos certeza. Las opiniones pueden ser muchas, la verdad siempre será una e inmutable. Lo importante es que nuestra opinión, lo que nosotras pensamos, coincida con la verdad.
Para alcanzar la verdad, hay que buscarla. No basta con decir lo que una piensa por cuatro ideas que se tienen y, además, mal asimiladas. Tampoco sirve el simple “me han dicho”, “he oído”. Hay que informarse, reflexionar, etc. Se empieza con opiniones, se logra después un conocimiento seguro y claro (certeza) y si esta certeza se adecua con la realidad sabemos entonces que el conocimiento adquirido es verdadero.

Es de todas conocida la frase de Antonio Machado que escribe en uno de sus poemas:

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Poema de los átomos

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Poema de los átomos

Baila, como si nadie te estuviera mirando, Ama, como si nunca te hubieran herido, Canta, como si nadie te hubiera oido, Trabaja, como si no necesitases dinero, Vive, como si el cielo estuviese en la tierra.

Rumi

¿Y tú, cuándo vas a empezar ese viaje hacia tu interior, a qué esperas?
Poema de los átomos
¡Oh día, despierta!
Los átomos bailan.
Todo el Universo baila gracias a EL.
Las almas bailan poseídas por el éxtasis.
Te susurraré al oido,
a dónde las arrastra su danza.
Todos los átomos en el aire y en el desierto,
sabes, parecen locos.
Cada átomo, feliz o triste… Está encantado por el sol.
No hay nada más que decir.

Rumi

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Manuel Vilas: «Bajar las ratios a 15 alumnos supondría reducir el paro y el fracaso escolar»

Manuel-Vilas

Manuel Vilas: "Bajar las ratios a 15 alumnos supondría reducir el paro y el fracaso escolar"

El escritor y profesor Manuel Vilas reflexiona en ‘Por fin no es lunes’ sobre la importancia de la ortografía, la educación, el papel de los políticos en la pandemia y lo que nos espera a partir de ahora en el mundo de la cultura y la creatividad.

Manuel-Vilas

Manuel Vilas es escritor, se dedicó a la enseñanza durante muchos años y es, además, finalista del Premio Planeta por su novela ‘Alegría’. Recientemente ha tenido protagonismo en Twitter al reivindicar la importancia de la ortografía, algo que considera «un derecho educativo de todos».

A pesar de las críticas, el escritor insiste en que su intención al escribir el tuit era «recordar que la ortografía es un bien y que todos tenemos que esforzarnos por tener una ortografía correcta», porque «si no respetáramos la ortografía, la comunicación sería imposible». Asimismo, incide en que el significado de esta es facilitar la comunicación y el entendimiento, y critica que «hay gente que no está de acuerdo» con la defensa.

En cuanto a la gestión de la pandemia y la vuelta a las aulas, opina que ha habido «una imprevisión tremenda» y ha sido «mal gestionada». También, señala la importancia de la modernidad y el progreso, dos «conceptos políticos fundamentales» de los que «ni la izquierda ni la derecha pueden adueñarse».

Como antiguo docente, aboga por bajar las ratios a 15 alumnos, algo que, considera, sería «una revolución» en la educación. Además, asegura que esta simple medida sería «la revolución más barata del mundo», porque supondría reducir el paro y el fracaso escolar y «en 10 años tendríamos un país en la vanguardia del mundo».

Respecto a la nueva novela que está escribiendo, reconoce que tiene relación con la pandemia y el cambio de las relaciones sociales que está aconteciendo, aunque confiesa que le cuesta mucho hablar de ella mientras la escribe. «Los escritores somos recelosos de hablar de nuestro trabajo», certifica.

Por último, el escritor comenta que el COVID-19 y la pandemia han cambiado la vida y, puesto que las producciones culturales son un reflejo de la vida, habrá futuras películas en las que los personajes lleven mascarilla, al igual que en las novelas o en los cuadros.

Escuchar entrevista

¡Pues claro!

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Onda cero

Tu tienes el reloj, yo tengo el tiempo

entrevista a un tuareg

Tu tienes el reloj, yo tengo el tiempo

No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles…!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos,
cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a
los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo
– ¡Qué turbante tan hermoso…!
– Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y
respirando a su través.
– Es de un azul bellísimo…
– A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados…
– ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
– Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del
mundo.
– ¿Por qué?
– Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
– ¿Quiénes son los tuareg?
– Tuareg significa «abandonados», porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: «Señores
del Desierto», nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

entrevista a un tuareg

– ¿Cuántos son?
– Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… «¡Hace falta que un pueblo desaparezca
para que sepamos que existía!», denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
– ¿A qué se dedican?
– Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio…
– ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
– Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
– ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
– Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde
hay agua y hierba… Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre… Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más
que eso, y yo era muy feliz en él!
– ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
– Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear
el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas… Y a dejarte llevar por el camello, si te
pierdes: te llevará a donde hay agua.
– Saber eso es valioso, sin duda…
– Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
– Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
– Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple
hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
– ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
– Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté,
claro…
– Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja…
– Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté…
Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua… y sentí ganas de llorar.
– Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
– ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún
sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso…
– ¿Tanto como eso?
– Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos… Yo tendría unos doce
años, y mi madre murió… ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a
ser yo mismo.
– ¿Qué pasó con su familia?
– Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el
maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa… Entendí: mi madre
estaba ayudándome…
– ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
– De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un
libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que
un día sería capaz de leerlo…
– Y lo logró.
– Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
– ¡Un tuareg en la universidad. ..!
– Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella… Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y
las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra… Aquí, por la
noche, miráis la tele.
– Sí… ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
– Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose!
Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa… En el desierto
no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
– Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
– Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y
hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un
cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde…
– Fascinante, desde luego…
– Es un momento mágico… Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio,
escuchamos el hervor… La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se
acompasan al pot-pot del hervor…
– Qué paz…
– Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

Entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a MOUSSA AG ASSARID

¡Aquí reloj, allí tiempo…Aquí estrés, allí paz!

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La danza de los derviches

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La danza de los derviches

Cuenta la tradición que cierto día, Mevlana Djalal al Din Rumi, roto por el dolor de la separación entre su alma y el Alma del universo, cruzó los brazos, puso las manos en sus hombros, bajó la barbilla y metió la cabeza en el hueco que quedaba en su pecho. Allí, en lo más íntimo de su ser, preguntó al vacío de su corazón:

– Oh Señor ¿quién soy yo para ti? – Entonces, en ese rincón secreto de su ser, oyó la voz de Dios diciéndole:

– Tú eres una rosa en mi jardín. Mi paraíso no estaría completo sin ti.

Ante semejante respuesta, Mevlana levantó la barbilla, estiró los brazos como una flor que se abre para recibir los rayos de sol del amanecer y comenzó a dar vueltas sobre sí mismo, loco de pasión. De esa manera repartió el sentimiento de Dios que él mismo había podido experimentar entre todos los hombres y mujeres que, extasiados, recorrían – y todavía recorren – grandes distancias para ir a verlo.

 Ese fue el comienzo de la danza de los derviches. Una danza que, para quien siente la misma dolencia que Mevlana, supone un alivio para el corazón y una vía directa de comunicación con el Amado…

Así es la meditación sufí»

Extracto del libro: Viaje a la India para aprender Meditación.

 

¿Quién soy yo para Ti?

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