El Papa respalda las uniones homosexuales

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El Papa respalda las uniones homosexuales

Francisco asegura en un nuevo documental que son “hijos de Dios y tienen derecho a una familia”

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El Vaticano ha vivido este miércoles su última bomba mediática. A pocos días de recibir al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, el festival de cine de Roma estrenó ayer el nuevo documental Francesco, que repasa la cara más humana del Pontífice, y en el cual el papa Francisco asegura que apoya las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

“Son hijos de Dios, tienen el derecho a una familia. No se puede echar de la familia a nadie ni hacerle la vida imposible por esto”, dice al director, Evgeny Afineevsky. “Lo que debemos crear es una ley sobre las uniones civiles. De este modo –continúa– los homosexuales tendrían una cobertura legal. Yo me esforcé en ello”. Jorge Mario Bergoglio parece referirse a cuando era arzobispo de Buenos Aires, y ya entonces se oponía a la legislación para aprobar matrimonios entre personas del mismo sexo pero apoyó algún tipo de protección legal para los derechos de las parejas gay.

Francisco no habla de matrimonio homosexual, por lo que no supone un cambio de paradigma. Tampoco es la primera vez que se muestra favorable a la inclusión de la comunidad LGBT. Siempre ha dicho que hay que integrarles, acogerles y acompañarles. Sin embargo, es la primera vez que como Papa habla públicamente y de manera tan clara a favor de las uniones civiles. Es también relevante que utilice la palabra “familia”, algo de lo que hasta ahora no se hablaba en la Iglesia, pero no está claro si se abre a que las parejas gay puedan adoptar.

Son las palabras más claras de Francisco sobre este tema desde que fue elegido Papa

Las palabras de Francisco aparecen en un momento en que el documental cuenta la experiencia de Andrea Rubera, un romano homosexual que tiene tres hijos con su pareja. Rubera le escribió una carta al Papa para contarle que quería mandar a sus hijos a la parroquia, pero tenía miedo de que pudiesen ser discriminados o tener un trauma. Días después, el Pontífice le llamó diciéndole que la carta era preciosa, y animando a la pareja a llevar a los niños a la parroquia. “Me dijo: por favor, lleve a sus hijos a la iglesia, sea transparente sobre su familia, va a ser bueno para ellos aunque no todos estarán de acuerdo con una familia de este tipo”, asegura Rubera en el film. “Su mensaje y su consejo fueron realmente útiles porque hicimos exactamente lo que nos dijo –mantiene–. El Papa nunca dijo cuál era su opinión sobre mi familia, probablemente él sigue la doctrina en este punto, pero es la actitud lo que cambió”.

El cambio de actitud del Vaticano hacia las personas homosexuales resultó evidente desde que, en el primer año de su papado, volviendo de Brasil dijo su ya famoso: “Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?”. Desde entonces, ha mantenido una actitud mucho más abierta hacia la comunidad LGBT que sus antecesores. Por ejemplo, cuando su ex estudiante visitó con su pareja, un hombre, a Francisco en la nunciatura (embajada) vaticana en Washington durante el viaje papal a EE.UU. en el 2015. El Vaticano publicitó este encuentro, mandando fotos y videos, después de que el Papa fuera emboscado en el mismo viaje por el entonces nuncio, Carlo Maria Viganò, que invitó a la activista antigay Kim Davis, una funcionaria de Kentucky que se negaba a casar a homosexuales. Entonces su portavoz aclaró que el “breve encuentro” no era un apoyo del Pontífice a su posición.

Francisco no ha dado apoyo a las uniones homosexuales en ningún documento decisivo vaticano, sino que lo dice de pasada en un documental sobre su vida. También ha enfadado a la comunidad gay en algunas ocasiones. En un vuelo de vuelta a Roma tras viajar a Irlanda, recomendó la ayuda de un “psiquiatra” (luego la oficina de prensa corrigió esta palabra) cuando los padres constaten una tendencia homosexual en sus hijos.

Un cambio de actitud en la Iglesia La postura del Papa fue clara desde que en el 2013 dijo: “¿Quién soy yo para juzgarle?”

El teólogo Massimo Faggioli remarca que la relevancia de estas declaraciones tiene que ver con referirse a la familia al hablar de los homosexuales. “Es evidente que el Papa siempre ha estado a favor de las uniones civiles. Cuando se debatió la ley en Italia no se opuso y permaneció callado”, destaca. Faggioli sostiene que, además, es remarcable el gran cambio de punto de vista de Francisco al respecto de sus predecesores y recuerda que en el 2003 la Congregación de la Doctrina de la Fe aseguró que los políticos católicos no podían de ninguna manera colaborar con las autoridades a la hora de legalizar las parejas gays. Entonces la Santa Sede razonaba que la Iglesia no podía abrirse a ningún tipo de aprobación de los homosexuales porque crearía un equivalente al matrimonio entre un hombre y una mujer. Ese documento estaba firmado por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI.

“Es la primera vez de este Papa o sus predecesores en pedir uniones civiles para personas del mismo sexo”, dijo su biógrafo, Austen Ivereigh. “Los anteriores papas dejaron que decidieran los obispos nacionales. Ahora la Iglesia puede estar segura de lo que piensa el Papa en un asunto que ha sido discutido por muchos obispos en muchos países durante años”, añadió el autor de El gran reformador. Varios cardenales y personas cercanas al Papa, recordaba el Corriere della Sera, han sostenido su misma línea. A favor de las uniones civiles se han pronunciado, por ejemplo, el cardenal alemán Walter Kasper o el italiano Gualtiero Bassetti, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. “El Papa no rompe con la doctrina de la Iglesia Católica –resume la periodista argentina Elisabetta Piqué, autora de otro libro sobre Francisco–, sino que reafirma ese impulso pastoral y ese cambio de actitud”.

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La vanguardia

La pandemia ha terminado

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La pandemia ha terminado

El ex-director científico del gigante farmacéutico Pfizer afirma que la “segunda ola” es un fake basado en los test de falsos positivos, “la pandemia ha terminado”.

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En una noticia sorprendente, el ex-director científico de Pfizer y vicepresidente durante 16 años de este gigante farmacéutico dice que «no hay ninguna evidencia científica que sugiera que una segunda ola debería ocurrir». El insider de «Big Farma» afirma que los resultados falsos positivos de las pruebas de covid, inherentemente poco fiables, se están utilizando para fabricar una «segunda ola» basada en «nuevos casos».

Dr. Mike Yeadon dice que la mitad o incluso «casi todas» las pruebas de covid son falsos positivos. También afirma que el umbral de inmunidad de la manada puede ser mucho más bajo de lo que se pensaba anteriormente, y puede que ya se haya alcanzado en muchos países.

En una entrevista la semana pasada se le preguntó al Dr. Yeadon:

«Estamos basando la política gubernamental, la política económica, la política de libertades civiles, en términos de limitar las personas en reuniones a seis personas… ¿Realmente todo está basado en, lo que bien puede ser, datos completamente falsos sobre este coronavirus?»

Dr. Yeadon respondió con un rotundo «sí».

Dr. Yeadon afirmó en la entrevista que observando todos los indicadores importantes en una pandemia mundial, como hospitalizaciones, utilización de la UCI y números de muertes, «la pandemia ha terminada».

Yeadon siguió afirmando:

«Si no fuera por los datos de los test que transmiten en la televisión todo el tiempo, se concluiría con razón que la pandemia ha terminado, ya que no ha ocurrido gran cosa. Por supuesto que la gente va al hospital porque la temporada de gripe de otoño está llegando… pero no hay ninguna evidencia científica que sugiera que una segunda ola debería ocurrir.”

(PARA LEER TODO EL ARTÍCULO)

https://hubpages.com/…/Pfizer-Chief-Science-Officer…

Los falsos positivos y la «segunda ola».

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Sw. Veet Agustin

Suecia no sufre segunda ola de coronavirus

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Suecia no sufre segunda ola de coronavirus

El 1 de octubre el país nórdico levantará la prohibición de visitar las residencias de ancianos. Junto con la limitación de reunión a 50 personas, son las dos únicas estrictas reglas que ha impuesto en la pandemia

 

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El 1 de octubre, Suecia levantará la prohibición de visitar las residencias de ancianos. Junto con la limitación de reunión a 50 personas, son las dos únicas estrictas reglas que ha impuesto el país más grande de Escandinavia desde el inicio de la pandemia. La estrategia de Anders Tegnell, el epidemiólogo jefe de la agencia de sanidad sueca en el Gobierno del socialdemócrata (SAP) Stefan Löfven, se distanció claramente del modelo chino de reacción ante la pandemia en el que se ha inspirado el resto de Europa: muchas recomendaciones –y algunas prohibiciones–, pero sin cerrar guarderías, escuelas, bares o restaurantes; ni muchos menos confinar a la población. El resultado ha sido que el número de infecciones se mantiene constantemente bajo, sin curva de segunda ola, y nadie parece ver la necesidad de encender las alarmas con llamadas a nuevas restricciones tal y como en el resto de Europa. Quien lea los periódicos de Estocolmo a principios de esta semana podrá comprobarlo. Tegnell ha rechazado desde un principio el confinamiento obligatorio lo que ha resultado que por ejemplo su vecina Dinamarca, luego de un duro confinamiento, tenga el doble de infectados que Suecia: la tasa de personas infectadas en lo que va de septiembre en el país pilotado por la primera ministra, la también socialdemócrata (A) Mette Frederiksen, fue de 48,5 por cada cien mil; en Suecia por el contrario fue de 22,2. La actual tasa de mortalidad por Covid-19 en Dinamarca es el doble que Suecia (0,2 y 0,1 respectivamente); aunque no ha sido siempre así: las críticas contra Tagnell por su deriva marcadamente distinta estaban en gran parte justificadas por la cantidad de víctimas mortales en los primeros meses de la pandemia: los hasta ahora 5884 fallecidos por coronavirus sigue siendo, en relación con la población de Suecia, muchas veces mayor que en Dinamarca (640) o en Alemania, con algo menos de 10.000. Tegnell responde que el elevado número de muertes se debió principalmente a la inadecuada protección de los ancianos en centros asistenciales. Con todo, «l’enfant terrible» de las políticas sanitarias europeas contra el Covid-19 anunció a fines de agosto que Suecia se suma al acuerdo de la Comisión Europea (CE) con la farmacéutica AstraZeneca y que adquirirá unos 6 millones de dosis de una futura vacuna contra la COVID-19: «La mayoría ha asumido su responsabilidad y ha seguido las recomendaciones. Tenemos menos muertes y menos personas en cuidados intensivos. Pero la crisis no ha pasado y la situación sigue siendo grave», dijo Löfven en rueda de prensa.

Aislamiento fronterizo

La estrategia de Tegnell ha provocado un aislamiento del país que lo ha remarcado el ministro de Exteriores danés Jeppe Kofod (A) al anunciar que Dinamarca abría sus fronteras al resto de los países europeos excepto a Suecia (y a Portugal), aunque anunció excepciones con su vecino: con el llamado «mecanismo nórdico» –que afecta en la práctica solamente a Suecia–, Copenhague permite el acceso a territorio danés de personas provenientes de regiones de países nórdicos con bajo contagio; este último es el caso de los residentes en las regiones suecas de Skåne, Sörmland y Västerbotten. Salvo Islandia, el resto de los países nórdicos ha negado la entrada a los ciudadanos de Suecia por la peor situación epidemiológica de este país, lo que ha provocado las críticas de Estocolmo y ha puesto en cuestión una cooperación histórica. El ministro de Interior sueco Mikael Damberg (SAP) recordó que Suecia no ha cerrado sus fronteras, sino solo a viajeros procedentes de fuera del espacio Schengen, siguiendo las directrices de la CE. Damberg también destacó que la CE ha instado a todos los países miembros de la Unión a levantar los controles internos impuestos por la pandemia.

¿Esto también será falso?

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Sw. Veet Agustin

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ABC

Demandan a Facebook y Zuckerberg por censurar publicaciones verídicas sobre salud pública

Demandan a Facebook y Zuckerberg por censurar publicaciones verídicas sobre salud pública

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Robert F. Kennedy Jr. y el equipo legal de la Defensa de la Salud de los Niños (CHD) han presentado una demanda en la que acusan a Facebook, a Mark Zuckerberg y a tres grupos de verificación de hechos por censurar mensajes de salud pública verídicos y por tergiversar y difamar fraudulentamente a CHD.

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CHD es un grupo de vigilancia sin fines de lucro que expone la corrupción en las agencias federales, incluyendo los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), y revela las fechorías en las industrias farmacéuticas y de telecomunicaciones.

Esta demanda es muy importante para todos, ya que tiene el potencial de cambiar las políticas de censura de los medios sociales en general.

 

Facebook censura a Mente Alternativa

A pesar de la “Orden ejecutiva sobre la prevención de la censura en línea”, emitida el 28 de mayo por el gobierno de los Estados Unidos, Facebook ha decidido restringir aún más la visibilidad de nuestras publicaciones, basándose en un “sistema de verificación rápida” (fact-checking) revisado por Colombiacheck, una agencia automatizada, carente de capacidad de análisis, y evidentemente usada para nublar más que para proporcionar respuestas que respaldan la narrativa que beneficia a las grandes corporaciones del Big Pharma y la pseudociencia oficializada e impuesta por el imperio angloamericano.

El argumento que Facebook usa para justificar la censura y limitación de todas nuestras publicaciones es que son “falsas”, conclusión a la que llegó después de que su sistema de verificación rápida calificó tres de nuestras publicaciones como “cuestionables”. Debido a esta arbitrariedad inquisitorial, nuestro tráfico proveniente de Facebook fue reducido artificialmente en un alto porcentaje en tan sólo una semana.

Sin embargo, lo verdaderamente cuestionable es el sistema de verificación rápida usado por Facebook, pues una de las publicaciones en las que se basó para sancionarnos reporta la advertencia de 160 médicos cualificados sobre los peligros del método usado en las vacunas ARNm. Como Colombiacheck no ha podido desmentirla, se la limitado a calificarla como “cuestionable”. Otra publicación es un enlace publicado en la Biblioteca Pública del NIH de los Estados Unidos, que ya ha sido retirado de la misma y sobre la cual Mente Alternativa no tiene ninguna responsabilidad. La tercera publicación censurada es el enlace a un artículo del prestigioso genetista ruso, Dr. Peter Gariaev, en la que ofrece el resultado de sus investigaciones sobre el coronavirus.

En octubre de 2019, advertimos sobre la intención política de Facebook para lanzar una nueva Junta de Supervisión “independiente” para moderar su contenido, conocido coloquialmente como la Corte Suprema Independiente de Facebook.

“Facebook tiene ha aceptado a muchos ex funcionarios del gobierno (como Nick Clegg citado a continuación) en puestos de alta dirección. Luego, está su relación acogedora con el Consejo Atlántico, que a su vez está financiado por el Gobierno de los Estados Unidos y está conectado con la OTAN. Facebook dio a conocer el plan para la junta que incluye darle el poder de moderar todo el contenido, incluida presumiblemente la capacidad de degradar, censurar y prohibir. Pero, ¿qué tan independiente será esta junta? ¿Qué significa esto para la libertad de expresión y la censura?”

En aquél momento nos preguntamos: ¿Qué tan independiente será realmente esta junta? ¿Cuáles son las verdaderas motivaciones de Facebook para crear este foro? Dada la historia pasada de verificación de corrupción y censura en la corporación, ¿se convertirá esta Corte Suprema Independiente en otra autoridad de censura?

No ha hecho falta esperar demasiado para conocer la respuesta. Como advirtió en su momento el presidente Ronald Reagan: “Si el fascismo llegara alguna vez los Estados Unidos, lo hará en nombre del liberalismo.”

Y así fue.

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo.

De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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Sw. Veet Agustin

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Mente alternativa

Un filósofo surcoreano es tendencia por sus 9 definiciones sobre el Covid-19

Byung-Chul Han

Un filósofo surcoreano es tendencia por sus 9 definiciones sobre el Covid-19

Byung-Chul Han es considerado una de las mentes más importantes del momento y se animó a revelar algunos cambios sociales y políticos que están viviendo por la pandemia.

Byung-Chul Han

Byung-Chul Han es un filósofo surcoreano reconocido por ser una de las mentes más brillantes del momento. Él no es muy optimista de cara al futuro y asegura que “sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente”.

El hombre de 61 años que nació en Seúl, estudió Filosofía, Literatura y Teología en Alemania. Actualmente vive en ese país. El hombre tiene miedo de que la pandemia sea un arma política para que se impongan  regímenes de vigilancia y cuarentenas biopolíticas, pérdida de libertad, fin del buen vivir o una falta de humanidad generada por la histeria y el miedo colectivo.

El filósofo redactó las 9 definiciones de la pandemia que seducen al mundo: 

  1. “El coronavirus está mostrando que la vulnerabilidad o mortalidad humanas no son democráticas, sino que dependen del estatus social. La muerte no es democrática. La Covid-19 no ha cambiado nada al respecto. La muerte nunca ha sido democrática. La pandemia, en particular, pone de relieve los problemas sociales, los fallos y las diferencias de cada sociedad. Con la Covid-19 enferman y mueren los trabajadores pobres de origen inmigrante en las zonas periféricas de las grandes ciudades. Tienen que trabajar. El teletrabajo no se lo pueden permitir los cuidadores, los trabajadores de las fábricas, los que limpian, las vendedoras o los que recogen la basura. Los ricos, por su parte, se mudan a sus casas en el campo».
  2. “La pandemia no es solo un problema médico, sino social. Una razón por la que no han muerto tantas personas en Alemania es porque no hay problemas sociales tan graves como en otros países europeos y Estados Unidos. Además el sistema sanitario es mucho mejor en Alemania que en los Estados Unidos, Francia, Inglaterra o Italia”.
  3. “El segundo problema es que la Covid-19 no sustenta a la democracia. Como es bien sabido, del miedo se alimentan los autócratas. En la crisis, las personas vuelven a buscar líderes. El húngaro Viktor Orban se beneficia enormemente de ello, declara el estado de emergencia y lo convierte en una situación normal. Ese es el final de la democracia”.
  4. “Con la pandemia nos dirigimos hacia un régimen de vigilancia biopolítica. No solo nuestras comunicaciones, sino incluso nuestro cuerpo, nuestro estado de salud se convierten en objetos de vigilancia digital. El choque pandémico hará que la biopolítica digital se consolide a nivel mundial, que con su control y su sistema de vigilancia se apodere de nuestro cuerpo, dará lugar a una sociedad disciplinaria biopolítica en la que también se monitorizará constantemente nuestro estado de salud”.
  5. “El virus es un espejo, muestra en qué sociedad vivimos. Y vivimos en una sociedad de supervivencia que se basa en última instancia en el miedo a la muerte. Ahora sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente. Todas las fuerzas vitales se emplearán para prolongar la vida. En una sociedad de la supervivencia se pierde todo sentido de la buena vida. El placer también se sacrificará al propósito más elevado de la propia salud”.
  6. “La pandemia vuelve a hacer visible la muerte, que habíamos suprimido y subcontratado cuidadosamente. La presencia de la muerte en los medios de comunicación está poniendo nerviosa a la gente. La histeria de la supervivencia hace que la sociedad sea tan inhumana. A quien tenemos al lado es un potencial portador del virus y hay que mantenerse a distancia. Los mayores mueren solos en los asilos porque nadie puede visitarles por el riesgo de infección. ¿Esa vida prolongada unos meses es mejor que morir solo? En nuestra histeria por la supervivencia olvidamos por completo lo que es la buena vida”.
  7. 7- “Por sobrevivir, sacrificamos voluntariamente todo lo que hace que valga la pena vivir, la sociabilidad, el sentimiento de comunidad y la cercanía. Con la pandemia además se acepta sin cuestionamiento la limitación de los derechos fundamentales, incluso se prohíben los servicios religiosos. Los sacerdotes también practican el distanciamiento social y usan máscaras protectoras. Sacrifican la creencia a la supervivencia. La caridad se manifiesta mediante el distanciamiento. La virología desempodera a la teología. Todos escuchan a los virólogos, que tienen soberanía absoluta de interpretación. La narrativa de la resurrección da paso a la ideología de la salud y de supervivencia. Ante el virus, la creencia se convierte en una farsa”.
  8. “El pánico ante el virus es exagerado. La edad promedio de quienes mueren en Alemania por Covid-19 es 80 u 81 años y la esperanza media de vida es de 80,5 años. Lo que muestra nuestra reacción de pánico ante el virus es que algo anda mal en nuestra sociedad”.
  9. “La Covid-19 probablemente no sea un buen presagio para Europa y Estados Unidos. El virus es una prueba para el sistema. Los países asiáticos, que creen poco en el liberalismo, han asumido con bastante rapidez el control de la pandemia, especialmente en el aspecto de la vigilancia digital y biopolítica, inimaginables para Occidente. Europa y Estados Unidos están tropezando. Ante la pandemia están perdiendo su brillo. El virus no detiene el avance de China. China venderá su estado de vigilancia autocrática como modelo de éxito contra la epidemia. Exhibirá por todo el mundo aún con más orgullo la superioridad de su sistema. La Covid-19 hará que el poder mundial se desplace un poco más hacia Asia. Visto así, el virus marca un cambio de era”.

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mdzol el 17 de mayo de 2020 

Todos los grandes medios de comunicación pertenecen a las mismas personas

JOSE-ANTONIO-CAMPOY

Todos los grandes medios de comunicación pertenecen a las mismas personas

El abogado Luis de Miguel Ortega (administrador de la web scabelum.com) entrevista a José Antonio Campoy.

José Antonio Campoy es desde el año 1999 director de la revista de Medicina alternativa (no oficial) Discovery Salud.

Es doctor en Ciencias de la Información desde 1978. Ha trabajado en Radio Televisión Española, en la Agencia Efe, en el diario ABC, etc.

Los medios de comunicación.

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Sw. Veet Agustin

El demoledor diagnóstico de un Premio Nobel sobre las cuarentenas: “No salvaron ninguna vida»

Michael-Levitt

El demoledor diagnóstico de un Premio Nobel sobre las cuarentenas: "No salvaron ninguna vida"

Michael Levitt, científico angloamericano e israelí que ganó el máximo galardón para la química en 2013, sostuvo que el daño social del confinamiento ha sido extremo

Michael-Levitt
El biofísico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford Michael Levitt habla durante una conferencia de prensa después de ganar el Premio Nobel de Química el 9 de octubre de 2013 en Stanford, California (Justin Sullivan/ Getty Images/ AFP)

Michael Levitt tiene su propio laboratorio de biología estructural en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford y, desde hace muchos años, es una referencia en el mundo de la ciencia. Sobre todo desde 2013, cuando ganó el Premio Nobel de Química junto a Martin Karplus y Arieh Warshel, por el “desarrollo de modelos multiescala para sistemas químicos complejos”.

Pero desde el 28 de enero de 2020 tiene una sola obsesión: el coronavirus. Su equipo de trabajo, con la ayuda de voluntarios de diferentes países, trabaja incesantemente en el análisis de datos relacionados con el virus, con el objetivo de rastrear la evolución de la COVID-19.

El investigador angloamericano e israelí es severamente crítico con la estrategia elegida por la mayoría de los Gobiernos del mundo para combatir la pandemia. “Creo que las cuarentenas no salvaron ninguna vida”, dijo el sábado en una entrevista con The Telegraph. “Creo que pueden haber costado vidas. Habrán salvado algunas vidas en accidentes de carretera y en cosas así, pero el daño social por el abuso doméstico, los divorcios, el alcoholismo, ha sido extremo. Y además están los que no fueron tratados por otras enfermedades”.

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Michael Levitt compartió el Premio Nobel de Química con Martin Karplus, de la Universidad de Harvard, y Arieh Warshel, de la Universidad del Sur de California, por su desarrollo de modelos multiescala para sistemas químicos complejos (AFP)

Levitt cree que con algunas recomendaciones puntuales, como usar máscaras desde el comienzo del brote y adoptar ciertas normas de distanciamiento social, se habría obtenido el mismo resultado en términos sanitarios, pero a un costo muy inferior.

“Creo que el verdadero virus fue el virus del pánico”, afirmó. “Por razones que no me quedan claras, creo que los líderes entraron en pánico y la gente entró también, y creo que hubo una gran falta de discusión”.

El científico apuntó especialmente contra Neil Ferguson, que era el principal asesor del Gobierno británico al comienzo de la pandemia y que escribió, junto con otros colegas del Imperial College, un paper que pronosticaba cientos de miles de muertes en el Reino Unido en caso de que no se estableciera una cuarentena. El trabajo fue tan influyente que el primer ministro Boris Johnson, que había optado originalmente por un enfoque similar al sueco, mucho menos restrictivo, cambió radicalmente de postura e impuso un confinamiento. Ferguson terminó renunciando a su cargo después de que se supiera que había ignorado las reglas que él mismo había recomendado al recibir la visita de su amante en su casa en dos oportunidades.

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Neil Ferguson, el ex asesor del Gobierno británico para la pandemia

“Cuando vi la sesión informativa (de Ferguson) me quedé sorprendido. Era la tasa de mortalidad de un año, el doble de la normal. Cuando lo vi, dije inmediatamente que estaba completamente equivocado. Creo que Ferguson la sobreestimó 10 o 12 veces. Deberíamos haber visto de China que un virus nunca crece exponencialmente. Desde el primer caso, el crecimiento exponencial en realidad se desacelera muy dramáticamente”.

Levitt realizó sus propias proyecciones sobre la mortalidad asociada a la COVID-19. Según sus cálculos, en la mayoría de los países se registrará este año el equivalente a un mes más de muertes que en un año habitual. Para el Reino Unido, que acumula 37.500 muertes, anticipó alrededor de 50.000.

«Hay un gran número de personas que son asintomáticas, así que me imagino seriamente que para cuando la cuarentena se introdujo finalmente en el Reino Unido, el virus ya estaba ampliamente extendido. Podrían haber permanecido abiertos como Suecia en ese momento y no habría pasado nada», sostuvo.

“No hay duda de que se puede detener una epidemia con la cuarentena, pero es un arma muy desafilada y muy medieval. Podría haberse detenido con la misma eficacia con otras medidas sensatas”, agregó. “No creo que nada haya detenido realmente al virus en Europa, salvo algún tipo de agotamiento”.

Levitt y su equipo analizan detenidamente los datos de 78 países en los que se reportaron más de 50 casos de coronavirus. Su conclusión preliminar es que la evolución sigue una tendencia, independientemente de las medidas que se tomen.

“Los números se mueven de manera muy consistente cuando se miran todos los lugares que han sido muy afectados, particularmente en Europa. El número simbólico de muertes antes de que las cosas se detengan es de alrededor de un mes de muertes naturales, que es algo así como una entre mil”.

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El primer ministro británico Boris Johnson decidió imponer una cuarentena estricta tras un informe del Imperial College (Andrew Parsons/ 10 Downing Street/ Handout vía Reuters)

El químico criticó a quienes lo cuestionan por hablar sin ser epidemiólogo, y recalcó la importancia de que haya un debate abierto en torno a la pandemia y a las estrategias para combatirla. “Me dijeron en numerosas ocasiones ‘no eres epidemiólogo, cállate’. Realmente no me importa. Solo estaba mirando los números. Estaba mirando el crucero (Diamond Princess), mirando a Wuhan. El mismo número se mantuvo en estos lugares”, dijo. “Muchas cosas salieron mal, pero creo que lo principal es que solo necesitábamos pensar y discutir las cosas un poco”.

Levitt fustigó especialmente a los médicos que acuden a los medios de comunicación para alarmar a la población. “El problema con los epidemiólogos es que sienten que su trabajo es asustar a la gente para que se encierre, para que se distancie socialmente. Así que dicen ‘va a haber un millón de muertes’, y cuando solo hay 25.000 dicen ‘es bueno que hayan escuchado mi consejo’. Esto sucedió con el ébola y con la gripe aviar. Es solo parte de la locura”.

El investigador se refirió por último a cómo vive personalmente la pandemia, considerando que por su edad pertenece a un grupo de riesgo en caso de contraer el virus. “Tengo 73 años y me siento muy joven. No me importa el riesgo en absoluto. A medida que envejeces, el riesgo de morir por una enfermedad es tan alto que es el momento de comprar una motocicleta, ¡de ir a esquiar!”.

Contra la arrogancia y la omnipotencia sanitaria: entrevista al médico Juan Gérvas

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Contra la arrogancia y la omnipotencia sanitaria: entrevista al médico Juan Gérvas

Compartimos la visión del médico general, profesor e investigador en atención primaria de salud y salud pública, Juan Gérvas, sobre la pandemia del COVID – 19. Una entrevista realizada por el docente de la Universidad Nacional del Comahu, Ariel Petruccelli.

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A modo de presentación

Juan Gérvas suele presentarse como «médico general jubilado». La definición es correcta pero parcial. Habla de la modestia y de la actitud ante la vida de quien la enuncia. Escasamente conocido por el público general en Argentina, Gérvas es una autoridad internacionalmente reconocida en el campo de la medicina que, por ejemplo, ha participado en la organización y coordinación de dos seminarios de innovación en atención primaria en Buenos Aires, con cientos de participantes del mundo entero y sin patrocinio industrial alguno (en noviembre de 2012 sobre «Prevención cuaternaria y medicalización» y en noviembre de 2019 sobre «Dolor, salud y sociedad, una mirada desde la atención primaria»). Junto a su compañera de la vida -Mercedes Pérez Fernández- ha combinado a lo largo de más de cuarenta años la práctica de la medicina, la investigación científica y la docencia universitaria. En los últimos años agregaron a este tríptico una dimensión fundamental: la divulgación, por medio de libros como El encarnizamiento médico con las mujeres, La expropiación de la salud y Sano y salvo. La jubilación no ha disminuido su trabajo de difusión de conocimiento entre profesionales sanitarios y público en general y sus textos son fáciles de encontrar en la Red.

Gérvas piensa la salud de modo integral, a nivel social y personal, a nivel micro y macro. Su enfoque propugna una ciencia rigurosa pero humana, una medicina consciente de sus límites, con sólidos fundamentos éticos, respetuosa de los pacientes y de la diversidad. Es un enemigo declarado de la medicina como negocio y un iconoclasta del «pensamiento único» (es bien conocido su nivel empírico, pedagógido y respetuoso en los múltiples debates en que participa). Si hubiera que definirlo ideológicamente, podríamos decir que es un comunista democrático, por más que una cierta izquierda lo vea como «un tipo peligroso, incontrolable y asilvestrado». Desde 1980 es animador del equipo CESCA (Madrid), un oasis de pensamiento crítico en medio de una medicina dominada por las corporaciones. En 1987 ayudó a fundar una red de profesionales de atención primaria, para fomentar la docencia y la investigación, la Red Española de Atención Primaria y en 2008 participó en la fundación de NoGracias, una organización civil independiente que se sostiene de las cuotas voluntarias de inscripción y no acepta patrocinios ni industriales ni gubernamentales, que promueve la transparencia, la integridad y la equidad en las políticas de salud, la asistencia sanitaria y la investigación biomédica.

Todos los lunes publica una nota disponible en www.actasanitaria.com. La secuencia de textos producidos durante la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 es sumamente recomendable, combinando diferentes registros discursivos y temáticos.

Hecha la presentación, escuchémoslo.

– La pandemia del covid-19 ha colocado a la sanidad en el centro de las preocupaciones políticas a nivel mundial, convirtiendo a la salud en el bien más preciado y a «salvar vidas» en el objetivo fundamental. Desde mucho antes de la pandemia usted ha sido un crítico de lo que ha llamado la «arrogancia sanitaria», e incluso de consignas aparentemente incuestionables como «lo importante es salvar vidas» o «mejor es prevenir que curar» (que hoy parecen ser la base del abordaje público de la sanidad). ¿Qués es la arrogancia sanitaria? ¿Qué es lo equivocado en la idea de «salvar vidas»? ¿Por qué no es cierto -o del todo cierto- que sea mejor prevenir que curar?

La Medicina ha logrado milagros laicos, como evitar la muerte por rabia, reparar una fractura abierta sin dolor, resolver un parto imposible con una cesárea, ayudar a morir con dignidad, curar una tuberculosis sin dejar minusvalía, ayudar a dormir en caso de insomnio o devolver la vista a quien estaba ciego por cataratas. Con sus medios potentes la Medicina ha hecho creer que podría eliminar el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte, y ha «expropiado» a la sociedad de sus conocimientos y habilidades para sobrellevar tales contingencias sin dejar de disfrutar de la vida. Ahora todo depende de los médicos, que han acaparado no sólo el campo de la enfermedad, sino también el de la salud a través de los «factores de riesgo» (como el «colesterol» o la «osteoporosis»), una nada inocente ambigüedad en el corazón de la Medicina actual que transforma la vida en el factor de riesgo «máximo» para morir.

Pareciera que el poder de los médicos es omnímodo, y su hábito autoritario no ha dejado de expanderse hasta la arrogancia. Una arrogancia agresivamente asertiva en el sentido de prescribir y ordenar cambios, medicamentos y/o intervenciones sin dudas ni matices. Es, además, presuntuosa, en el sentido de no dudar de su eficacia, de su valor acerca de beneficios sin daños. Y es soberbia, arremetiendo contra los que cuestionan el valor de sus recomendaciones. Lamentablemente, además, esta Medicina es presuntuosa desde torres de arrogancia sobre cimientos de ignorancia. Son cientos los ejemplos de prácticas médicas universales que carecen de conocimiento científico; sirva de ejemplo el «bajar la fiebre», recomendación que se basa en el empleo de medios farmacológicos (acetilsalicílico, paracetamol, ibuprofeno, etc) y/o físicos (paños fríos, baños, etc) que en conjunto son contraproducentes y carecen de fundamento científico pues «bajar la fiebre» quizá sea sólo beneficioso en la fiebre que acompaña a la hemorragia cerebral.

La vida es un valor, algo que apreciamos socialmente hablando, pero la vida como valor compite con otros muchos valores, como el propio disfrute de la vida. Es decir, la vida es un valor cuando permite disfrutar y vivir pero cuando vivir se convierte en una condena cabe desear y pedir la muerte (eutanasia). La salud es parte de ese disfrute de la vida, en el sentido de superar los inconvenientes de la misma. La salud es también un valor, pero como la vida, la salud no vale por sí misma. Quien, por ejemplo, hace ejercicio físico por salud, o come «saludable» por salud, es alguien profundamente enfermo.El ejercicio y el comer son actividades placenteras que permiten disfrutar de la salud y de la vida, pero no son fines en sí mismos. No es la salud lo más preciado sino el disfrute de la vida, de las oportunidades que nos trae la misma, y en ese sentido es clave la organización social que hace posible dichas oportunidades. Además, la salud no es un estado dicotómico; se puede tener una enfermedad, incluso grave e invalidante, y todavía disfrutar con humor de un chiste/broma, por ejemplo. Se puede tener «algo de enfermedad» en el sentido de que tal enfermedad no anule por completo el disfrute de la vida. Sirva de ejemplo el Jean Dominique de «Le Scaphandre et le Papillon».

Hablando propiamente, nadie «salva vida» pues todos moriremos. Podemos creer que Jesús «resucitó» a Lázaro, pero incluso Lázaro está muerto hoy. Nadie salva vidas, tampoco los médicos. Los médicos, como mucho, evitan algunas causas de muerte, ayudan a tener calidad de vida, y prolongan algunas vidas, que no es poco. Pero muere todo el que nace. Por supuesto, coloquialmente decimos que los médicos salvan vidas, como decimos que el Sol «se pone» al atardecer, pero son formas simples de hablar que no podemos sostener científicamente. Cuando la sociedad es consciente de que la Medicina no salva vidas empieza a preocuparse de la calidad de la vida pues no se trata de «sobrevivir a toda costa», hasta llegar, por ejemplo, a mantener con vida al Johnny de «Johnny Got His Gun». Por ello es importante dejar de hablar de «salvar vidas» para disminuir la arrogancia médica, ese hábito autoritario que puede llegar al síndrome de hubris de toco-ginecólogos capaces de una violencia obstétrica sin límite, sin ciencia ni ética.

Puede parecer tautológico, pero «es mejor prevenir que curar cuando prevenir es mejor que curar». En el ejemplo citado de evitar la muerte por rabia, es mejor vacunar contra la rabia después de la mordedura del animal (perro, zorro, murciélago, etc) en uso terapéutico (curativo) que antes de la mordedura (uso preventivo) pues la vacuna tiene efectos adversos y la probabilidad de mordedura es muy baja en la población general. Otra cosa es, por ejemplo, en estudiosos de los murciélagos en cuevas, a los que vale la pena vacunar «preventivamente» de la rabia. Son pocas las ocasiones en que en Medicina valga más prevenir que curar; sirvan de ejemplo algunas vacunas, el suplemento de ácido fólico en el periodo periconcepcional, el consejo para dejar el tabaco, el cribado en neonatos del hipotiroidismo y la fenilcetonuria, el suplemento de yodo en zonas remotas, el tratamiento de la hipertensión moderada-grave, etc. La prevención tiene una «aura» de beneficio que no se justifica, y actividades preventivas muy populares hacen mucho daño sin beneficios. Por ejemplo, hacen más daño que beneficio los cribados (tamizajes, screening) del cáncer, los chequeos, las revisiones del niño sano, las visitas anuales al ginecólogo, el «control del colesterol», etc. En general, sólo vale la pena prevenir cuando el beneficio es claro sobre el curar, y eso sucede con escasas actividades médicas, y en situaciones muy específicas.

Las actividades médicas, curativas y preventivas, apenas dan cuenta del 10% de la salud de una población. Por ejemplo, en Madagascar hay carencias miles en el terreno sanitario, pero para la salud lo clave sería lograr la alfabetización del 100% de la población, especialmente de las mujeres, y conseguir una buena alimentación general; en la pasada epidemia de sarampión (más de 100.000 casos, más de 1.000 muertos), por ejemplo, la infección puso el broche final al desastre de no tener acceso a la vacuna pero la mortaja la puso la desnutrición infantil. Para la salud lo clave es la educación, la nutrición, la democracia, la vivienda, el trabajo digno y sin riesgos, el aporte y depuración de agua, la distribución de la riqueza, la transparencia política, los subsidios en el desempleo y en la jubilación, la ayudas a las familias, etc.

– Ha sido usted un crítico de las medidas sanitarias adoptadas en España (concentradas en una severa cuarentena), por considerarlas poco eficaces ante el virus. ¿Cuáles son sus argumentos para pensar de esa manera?

En España la cuarentena ha sido estricta como en ningún otro país del mundo. Por ejemplo, la infancia y adolescencia estuvo recluida en domicilio seis semanas, sin poder salir en ningún caso para nada, de forma que los niños terminaron ladrando desesperados pues a los perros se les dejaba salir dos veces al día. Por supuesto, se cerraron todas las instituciones educativas y desde marzo no se han vuelto a abrir, suponiendo que hay «tele-educación». Se llegó a paralizar al país, por completo. Todo con el objetivo de «aplanar la curva», según los modelos matemáticos tipo «Imperial College of London». Esos modelos son deslumbrantes pero carecen del menor valor práctico pues consideran una sociedad teórica que no existe en el que las interacciones son entre «individuos soberanos». Por ejemplo, no consideran las dinámicas de contagio en establecimientos socio-sanitarios, como asilos de ancianos (nursing homes) y hospitales, ni en los domicilios comunitarios, justo donde se producen básicamente los contagios.

En todo caso, las cuarentenas no han funcionado nunca y carecen de fundamento científico. Tampoco el uso de los controles de temperatura en los aeropuertos, el uso de mascarillas (tapabocas, barbijos) ni la distancia física entre personas. Todo ello es «el teatro de la seguridad» y se demuestra bien por la falta de asociación entre dichas medidas y la extensión e impacto de la pandemia por el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2). Lo que funciona, y lo sabemos bien por el caso de la tuberculosis, es la mejora de las condiciones de vida y en el plano médico, el diagnóstico precoz de los pacientes sospechosos, su aislamiento y la búsqueda activa de sus contactos que pueden haber sido contagiados o ser los contagiadores. En estos casos, sí cabe la «cuarentena», en el sentido de aislamiento en el propio domicilio o en alojamiento que cumpla condiciones higiénicas suficientes. También tienen sentido y eficacia las medidas de higiene personal como el lavado de las manos después de defecar-orinar y antes de comer, así como el evitar las aglomeraciones y hacinamientos, especialmente en recintos mal ventilados.

España era caldo de cultivo ideal, y el nuevo coronavirus se encontró un “ambiente” favorecedor y no sólo por los errores en la respuesta a la pandemia (más dolorosos por ser evitables), sino porque la sociedad es corrupta, la democracia es débil, el sistema sanitario ha sido diezmado con recortes inmisericordes, las residencias de ancianos son “morideros”, por el afán de lucro y la falta de control, el exceso de medicación es un mal nacional (y muchos medicamentos predisponen a sufrir neumonía) y la población es callada, sumisa y temerosa. Así, las políticas frente la pandemia se han impuesto a sangre y fuego, transformando de facto un Estado de Alarma en lo que recuerda un golpe de Estado, con la Policía y el Ejército controlando sin sentido.

Probablemente, la adopción por España e Italia de la cuarentena estilo «China», rígida y dictatorial, tiene que ver con el modelo chino que promovió la Organización Mundial de la Salud (OMS), un modelo de un país no democrático y muy ineficiente comparado con el de Taiwán. Lamentablemente, Taiwán, un país democrático, es considerado una provincia insular por China, de forma que Taiwán no es miembro de la OMS, ni la OMS tiene libertad para promover la figura de Taiwán. En Taiwán las medidas contra la pandemia se empezaron a tomar el 31 de diciembre de 2019, al tener conocimiento directo de los casos de «extraña neumonía» en Wuhan, y fueron lógicas y sencillas, de localización de casos y de sus contactos, con aislamiento de los mismos. Después se aplicaron medidas tecnológicas, quizá excesivas, de «cerco telemático» mediante el uso de aplicaciones en los teléfonos móviles pero en ningún caso se estableció una cuarentena tipo China, ni se cerraron las escuelas, por ejemplo. Con 23 millones de habitantes, Taiwán ha tenido 443 casos y 17 muertos.

En todo caso, en España la transparencia ha sido escasa (el Gobierno suspende con un 2,75 sobre 10 respecto a transparencia en la pandemia) por lo que no tenemos acceso ni a los informes de los expertos ni a las actas de las reuniones en que se tomaron las decisiones de la cuarentena estricta, lo que dificulta la evaluación de las mismas.

– Usted ha planteado que las medidas sanitarias drásticas podían traer males mayores que los que pretenden evitar. ¿Podría desarrollar este razonamiento?

«Muchas veces la enfermedad nace del propio remedio» resumió lacónicamente Baltasar Gracián, y sirva la pandemia del nuevo coronavirus como demostración de la veracidad de tal concepto. La cuarentena estricta de España (y de Italia) es un proceso ideológico sólo posible en países con fuerte raíces totalitarias en el que el «ordeno y mando» subsiste floreciente, y se acompaña del desprecio de la atención primaria y del médico de cabecera (médico general, de familia, el «médico de pueblo» en lo rural). Puesto que el nuevo coronavirus resiste poco a la luz solar su contagio es improbable al aire libre, y más fácil y cierto en ambientes cerrados. Además, en países como España, Italia y el Reino Unido los profesionales de primera línea recibieron tarde los equipos de protección de forma que se contagiaron en masa, y se convirtieron en agentes contagiadores.

Todo ello actuó como una bomba dispersante del virus con impacto tremendo en la mortalidad. De hecho, se puede considerar la muerte por Covid19 como muerte por infección nosocomial, siendo infección nosocomial la que se adquiere en las instituciones socio-sanitarias en que se recluye a los pacientes. Todo ello es más irónico en España, pues era creencia (irracional) entre políticos, profesionales y legos, que su sistema sanitario era «el mejor del mundo».

La desconfianza en la atención primaria y en los médicos de cabecera llevó a la concentración del esfuerzo en los hospitales, hospitalocentrismo, cerrando incluso muchos centros de atención primaria para reforzar estructuras hospitalarias (especialmente en Madrid y en Barcelona). Allí, en los hospitales, el contagio era inevitable, al concentrar pacientes y al ofrecer atención por profesionales mal equipados y contagiados. En el otro sentido, el confinamiento estricto de la cuarentena dejó hacinados y mal atendidos a los casi 380.000 ancianos recluidos en los asilos, tratados además con medicamentos que favorecen las neumonías, como los neurolépticos con los que los «tranquilizan», y de ellos han muerto casi 20.000 por Covid19 (de un total, quizá, de 30.000 muertes en España). Por último, en los domicilios de barrios pobres, también se hacinan familias enteras incluso en una habitación, o en condiciones de escasa higiene, lo que ha conllevado el incremento de los contagios y de la mortalidad, agravado todo ello por el tipo de trabajo de sus moradores, de primera línea e imposible de traducir en tele-trabajo (guardias de seguridad, limpiadoras, cajeras, cuidadoras, etc).

La cuarentena estricta de España ha «concentrado» a pacientes frágiles en hospitales, asilos y domicilios, y provocado su muerte por Covid19. Además, la respuesta de la Medicina arrogante ha sido la del Salvaje Oeste, pues el tratamiento debería haber sido de puro mantenimiento, de sostén, pero se ha empleado todo tipo de medicación, sin freno ni ciencia alguna, de la hidroxicloroquina a azitromicina y antivíricos, con los daños esperables y sin ningún beneficio. El daño ha sido para los pacientes en el momento, pero también a largo plazo, por ejemplo por la irradiación innecesaria con radiografías y tomografías (TAC, scanner) del tórax, y para la sociedad por el abuso de antibióticos y el incremento de las resistencias bacterianas.

Todo ello sin entrar en las muertes por consecuencia del propio confinamiento, por la «focalización» del sistema sanitario en la pandemia, y por el daño futuro del incremento de la pobreza, el desempleo y la desigualdad en el aspecto económico.
En el Mediterráneo ha habido países con muchísimo mejores resultados que España e Italia, como Eslovenia (52 muertos por millón de habitantes), Grecia (19 pmmh) y Portugal (150 mpmh). Y, desde luego, ha habido países con medidas lógicas y prudentes, como Japón, que han logrado resultados también mejores. Japón ha tenido 7 muertos por millón (Reino Unido 628, España 606, Italia 573). Japón tiene 126 millones de habitantes, el 28% de 65 y más años, lo que le convierte en el país más envejecido del mundo. Sus medidas han sido simples, de ética, respeto y cortesía y de evitación de aglomeraciones y del hacinamiento, especialmente en lugares mal ventilados.

– Además de hacer críticas a las medidas adoptadas, ha propuesto usted muchas medidas para afrontar la pandemia: ¿podría ofrecernos un resumen de las más importantes?

En sentido positivo, ¿qué hacer?

1.-Tranquilidad y actuar como en todas las epidemias de virus respiratorios (buena higiene personal y de hogares-zonas de trabajo, lavado meticuloso de manos, evitar aglomeraciones y especialmente lugares como hospitales y centros de salud, buena alimentación y evitar métodos físicos y farmacológicos contra la fiebre). Disminuir las situaciones inevitables de hacinamiento; por ejemplo, “aclarar” con medidas varias como “permisos” y traslados, residencias de ancianos, prisiones, centros de menores, centros de internamiento de extranjeros, dormitorios comunales y otros lugares de convivencia estrecha de grupos humanos. Legalizar a todos los inmigrantes sin documentos y proveer su atención.

2.- Aislar y conservar a todos los enfermos que se pueda en casa, en cuarentena voluntaria, atendidos por sus propios profesionales de atención primaria (también fuera del “horario laboral”, noches y festivos incluidos). Es clave atender en casa a quienes no precisan el hospital, porque su enfermedad es leve o puede ser tratada en domicilio (por ejemplo, muchas neumonías) o porque son tan graves que acabarán inevitablemente en muerte. Intentar la formulación de voluntades anticipadas para que podamos saber de todo el mundo qué condiciones prefiere en caso de desenlace fatal, especialmente si quiere morir en casa.

3.- Medidas extremas de higiene en profesionales, tanto en domicilio como con pacientes hospitalizados y en los propios pacientes, con dotación de material adecuado de protección.

4.- Aceptar (sociedad y profesionales) que muchas muertes por Covid-19 no son evitables, que el virus cambia la causa de la muerte, que hay que evitar el “encarnizamiento terapéutico” pues es mala medicina, sin ética (hay un tiempo para morir, para lograr morir en paz, para acompañar la agonía y para dejar en paz a los moribundos).

5.- Inyectar dinero en el sistema público para que no colapse y

6.- Eliminar el estado de alarma y las cuarentenas forzadas de millones de personas e introducir medidas anti-pánico, como a/ participación popular en las decisiones, b/ decisiones que incluyan siempre costes y valoración de daños evitados y provocados, c/ comités de éticas amplios (que incluyan por ejemplo filósofos y cajeras de supermercados) que valoren las medidas, d/ transparencia e información (no sólo número de casos sino también hospitalizaciones y muertes, por grupos de edad, sexo, clase social, enfermedades y consumo de medicamentos para estas enfermedades), e/ fomento de redes de solidaridad y f/ introducir equidad en todas las medidas de forma que se considere siempre el impacto en todos los grupos de población, también los que están marginados y los más frágiles.

– La reacción mundial ante el coronavirus no tiene precedentes: una cuarentena casi planetaria era algo desconocido. ¿Ha sido proporcional la alarma generada en relación a la amenaza, o ha habido una desproporción entre la percepción de la amenaza y la peligrosidad real del virus?

El problema de fondo ha sido que no se ha controlado el pánico, y en cierta forma se ha empleado el miedo para favorecer el acatamiento y bloquear las resistencias. El proceso ha sido una bola de nieve, provocada por la respuesta inicial de China y amplificada por la OMS. Italia y España copiaron dicho modelo, y ya fue imposible optar por medidas lógicas y sencillas, del estilo de las citadas en Japón y en Taiwán, y en Australia (4 muertos por millón en una población de 26 millones de habitantes), y en Kerala (un estado de la India, con 35 millones de habitantes y 0,1 muertos por millón de habitantes). De hecho no se han difundido datos ni información de países que no han tenido casos de Covid19, o no han tenido muertes por dicha enfermedad. Por ejemplo, Vietnam. Vietnam no ha tenido muertes por Covid19. Vietnam tiene un régimen comunista y 95 millones de habitantes. Mantiene un intenso comercio con China con la que comparte casi 1.500 km de frontera. En Vietnam los dos primeros casos de Covid19 se diagnosticaron en ciudadanos chinos el 23 de enero, y en total se han diagnosticado 328 casos, sin ninguna muerte (cero muertes por Covid19). En el mismo sentido, «el experimento» de Suecia, de ciudadanía responsable, se denigra de mil maneras por más que no se cumpla la previsión apocalíptica de los modelos matemáticos que le auguraban casi 100.000 muertos por Covid19 (en realidad apenas pasan de 5.000).

La OMS, y el Imperial College of London, llevan décadas promoviendo una cultura del miedo, con anuncios varios sobre pandemias con cientos de millones de muertes (como la gripe aviar, por ejemplo). En parte, porque ello justifica su existencia, y en parte porque el miedo es una forma de controlar a la sociedad. No basta el control tecnológico constante que ha demostrado Eduard Snowden (el espía de Estados Unidos), se precisa la obediencia sumisa, y la pandemia del nuevo coronavirus es una oportunidad única que cuadra con unas políticas globales de «acallamiento del pensamiento alternativo». La pandemia ha permitido el entronamiento definitivo del experto como dios (o emperador) y de la ciencia y la salud como religión. Son dos hechos que permiten un gobierno mundial tecnocrático y antidemocrático. Los dos mandamientos de la «Nueva Normalidad» que resumen la cuestión. Expertos y científicos, ciencia y salud, y unos resultados patéticos. Eso sí, de continuo se establecen comparaciones ilegítimas con la gripe, especialmente con la pandemia de la gripe «española», de 1918-19 en que básicamente murieron jóvenes y pobres, con una mortalidad que sería equivalente a casi 400 millones de personas en la actualidad. En realidad, hay como medio millón de muertes de viejos y pobres en el mundo por Covid19, para tener una idea numérica.

Mientras tanto, la desigualdad social se incrementa y los ricos son cada vez más ricos y la sociedad más insolidaria, lo que conlleva muertes, sin más. En el tablero mundial las decisiones no tienen nada que ver con el sufrimiento de personas y poblaciones. «Hay muchos asuntos relacionados con la desigualdad, la exclusión, la violencia, la adicción, la soledad, la vejez, la pobreza o el sufrimiento mental, que tienen que ser abordados desde posiciones más cercanas, más humildes y más empáticas. No es argumentando(les) cómo vamos a sumarlos, sino compartiendo. No siempre son más eficaces las herramientas de diagnóstico, a veces son más urgentes las de escucha.» Los pobres de los países ricos, y los de los países empobrecidos no tienen a nadie que les escuche.

– Las cifras de mortalidad semanal por todas las causas disponibles en Euromomo parecen indicar que, a la postre, el impacto de la pandemia en la mortalidad general no ha sido demasiado significativo en el primer semestre como totalidad. ¿Cómo analiza estas cifras y cuál cree que podría ser el escenario cuando se haga el recuento anual final?

En Epidemiología se define «cosechar» o «harvesting» al efecto de un evento que provoca la concentración de muertes en un corto periodo de tiempo de una mortalidad que iba a producirse en todo caso en un periodo más largo de tiempo. Pasa, por ejemplo, con las epidemias estacionales invernales de virus respiratorios (de gripe, sincitial y otros) y con las olas de calor en verano, que en muchos casos simplemente acumulan muertes de quienes iban a morir por su mal estado general y por su medicación excesiva e innecesaria. En el caso de la pandemia por el nuevo coronavirus, por ejemplo, la Unión Europea (incluyendo al Reino Unido) tiene una población de unos 512 millones de los que mueren al año unos 5,3 millones. Pues bien, siendo la Unión Europea uno de los sectores más afectados por la mortalidad por Covid19, se han dado unas 175.000 muertes, lo que equivale al 3,3% del total anual. Es probable que muchas muertes por Covid19 se hayan dado entre quienes iban a morir de todas maneras a lo largo del año 2020 y que el resultado final sea de un impacto insignificante.

– La estrategia de «aplanar la curva de contagios» fue inicialmente diseñada, si no me equivoco, con el objetivo de ganar tiempo para preparar al sistema sanitario, asumiendo que un virus ya en circulación afectará antes o después a toda la población susceptible de ser contagiada. Sin embargo, hay autoridades políticas que parecen pensar que el confinamiento no sólo permite ganar tiempo, sino incluso reducir drásticamente la cantidad total de contagios. ¿Es esto verosímil?

No se ha aplanado la curva. Tal expresión ha sido un mantra sin fundamento científico, del estilo de los modelos matemáticos tipo Imperial College of London. Las infecciones víricas respiratorias tienen una curva típica que se ha reproducido en la pandemia por SARS-CoV-2, con o sin confinamiento. No hay correlación entre muertes y rigurosidad de las medidas de confinamiento, los resultados dependen de otras cuestiones, como he analizado previamente. El objetivo no es disminuir el número de casos sino disminuir el número de muertes; en la consecución del primero se han incrementado las muertes, como demuestra el ejemplo de España.

– Pero en Argentina, cuando las autoridades flexibilizan la medidas de cuarentena aumentan los casos (lo que muchas veces ha motivado que se vuelva hacia atrás). Habitualmente esto es interpretado como que la cuarentena efectivamente «aplana la curva» y en favor de su mantenimiento e inclusive reforzamiento. ¿Qué nos puede decir al respecto?

La respuesta la tiene en una pregunta anterior, sobre «qué hacer» en que en ningún caso se recomienda la cuarentena, sino el conjunto de medidas más efectivas, con mayor fundamento científico, más «humanas», éticas y solidarias, y más respetuosas con personas y poblaciones. Si se quiere de verdad «aplanar la curva» hay que emplear con urgencia vacunas sociales, del estilo de un ingreso mínimo vital a toda persona que lo precise, las mejoras de las condiciones de higiene de los domicilios y estructuras en barrios pobres y en alojamientos comunitarios, la regularización de los inmigrantes sin papeles, la mejora fiscal que facilite la redistribución de la riqueza, ayudas a personas en situación de pobreza y sobre todo a quienes viven en la calle, la seguridad e higiene en los lugares de trabajo especialmente de trabajadores manuales, etc. Lo demás es retórica propia de políticos que sirven a la burguesía y a sus intereses, esos que se pueden «quedar en casa» porque sus casas son confortables y pueden tele-trabajar, por ejemplo.

La asociación entre «relajación de normas del confinamiento y aumento de casos» es el típico caso de sesgo de confirmación, en que los hechos confirman aparentemente lo que pensamos. Incluso si fuera cierto, no es por sí un problema si el nuevo coronavirus ha venido para quedarse, pues habrá que aprender a convivir con un nuevo virus respiratorio. El objetivo no es impedir casos sino lograr que las muertes sean las «inevitables», y en ello el confinamiento no logra más éxito que las medidas básicas citadas, como la detección precoz de casos, su aislamiento y el seguimiento de los contactos con el consiguiente aislamiento de los infectados. No podemos ni debemos parar la sociedad para siempre pues es imposible, y el intento carece de ciencia, ética y moral.

En todo caso, llevamos apenas unos meses con un nuevo virus y una nueva enfermedad, de forma que la incertidumbre es la norma. Conviene recordar que en el sentido clínico, por ejemplo, «hacen falta 3 meses para aprender a hacer una operación, tres años para saber cuándo hacerla y 30 años para saber cuándo no hacerla». Lo difícil, pues, es saber cuándo no hacer algo. En ello estamos.

– Hay una verdadera expectativa mundial a la espera de la vacuna contra el covid-19. ¿Qué podríamos esperar de una vacuna contra el coronavirus?

Es de suponer que finalmente se logre una vacuna pero conviene la precaución. Las industrias están logrando de los gobiernos del mundo se comprometan con contratos condicionados a la compra de futuras vacunas. Tales contratos se dan en un ambiente de incertidumbre y miedo que genera cambios similares a los que llevaron en la anterior pandemia (gripe H1N1, gripe A, 2009-2010) al fiasco del Tamiflú. Parece que lo dominante es el interés de las industrias y de los países ricos y lo secundario la salud pública (en el sentido mundial) de forma que se olvida lo lógico, la compra de las patentes de las vacunas por los gobiernos.

Por otra parte, no es una vacuna simple. Gran parte del proceso que lleva a la muerte por Covid19 es la propia reacción del sistema inmunológico humano, una “tormenta” similar a lo que lleva a la muerte en el caso del dengue. Y, como en el caso del dengue, habría que tener en cuenta la posibilidad de que la propia vacuna “sensibilizara” al sistema inmunológico y llevara a un resultado fatal. Además, la vacuna podría tener interacciones con otras vacunas contra virus respiratorios, como la vacuna de la gripe, lo que disminuiría su eficacia. Entre las dificultades, la oposición de grupos católicos y anti-abortistas a las vacunas en cuyo desarrollo se emplean células fetales «inmortales» procedentes de antiguos abortos voluntarios.

  •   Usted ha sido muy crítico de muchas vacunas (no de todas). ¿Cuáles son sus criterios para evaluar la conveniencia (o no) de la aplicación de vacunas? ¿Por qué es crítico de la vacuna contra la gripe?

    Hablar de vacunas en general es como hablar de antibióticos en general. Todo medicamento tiene un uso racional, en que sus beneficios superan en mucho a sus daños, y también las vacunas. Por ejemplo, la vacuna de la fiebre amarilla tiene un uso apropiado que restringe su aplicación a determinados ámbitos geográficos, en los que puede incluso ser obligatoria. En otro ejemplo, la vacuna del dengue es valiosa pero útil sólo en pacientes que hayan ya tenido contacto previo con el virus, de forma que hay que hacer análisis antes de vacunar. Así mismo, la vacuna contra el cólera, que es utilísima pero se debe utilizar temporalmente pues la solución no es vacunar a la población contra el cólera sino aportar agua potable y depurar las residuales para evitar el conjunto de enfermedades que transmite el agua. Un último ejemplo, la vacuna de la varicela, que si se pone en la primera infancia traslada el peso de la morbilidad y muerte a adultos y ancianos, como mayor impacto que en la población infantil. Por todo ello hay que mejorar las vacunas en todos los sentidos, desde su eficacia a sus efectos adversos, y al calendario y población en que se apliquen.

    La mejor defensa contra las infecciones es el desarrollo social armónico, en todos los sentidos. Es decir, buena nutrición, familias con vivienda y trabajo dignos, suministro y depuración de aguas, educación formal de toda la población, democracia que redistribuya la riqueza, establecimiento de un sistema sanitario público de cobertura universal, retirada de basuras y limpieza de calles, cumplimiento de normas de higiene alimentaria, etc. El beneficio lo consigue el desarrollo científico, económico y social que incluye la higiene individual y pública, y políticas de salud en todas las políticas. Como bien se dice: “contra las infecciones no hay mejor vacuna que lavarse las manos”, lo que incluye el suministro de agua, tener jabón, el hábito de la higiene, etc. Lamentablemente, la higiene es cuestión pendiente incluso en el sistema sanitario pues ni los profesionales sanitarios se lavan las manos siempre que deben.

    La vacuna de la gripe es una vacuna fallida. No disminuye ni complicaciones ni muertes, y sin embargo se promociona universalmente. Las Revisiones Cochrane demuestran reiteradamente su inutilidad, pero los gobiernos prefieren el «teatro de la seguridad», y más ahora con la pandemia por el nuevo coronavirus.

    – Se escucha en muchos medios de comunicación que el distanciamiento social podría ser indefinido de aquí en adelante, que ya no será posible abrazarse y que el uso de barbijos deberá ser la norma de aquí en más. ¿Qué opina al respecto?

    No hay demostración empírica de que dicha distancia «física» (no social) disminuya los contagios. Hay sólo cálculos matemáticos teóricos y algún estudio observacional, no ensayos clínicos. Conviene la prudencia, la cortesía y la piedad con nuestros semejantes y con nosotros mismos. Los humanos somos seres sociales y es clave la solidaridad y el acompañamiento, lo que nos ha hecho «humanos». Es inhumano mucho de los que se ha hecho y está haciendo respecto a la pandemia del nuevo coronavirus, como dejar morir en soledad a los ancianos, una brutalidad sin ciencia ni ética.

    Seamos humanos en nuestras relaciones personales, seamos prudentes, utilicemos al tiempo la razón y el corazón. Por ejemplo, es totalmente absurdo el uso de la mascarilla (barbijo) al aire libre donde la interacción social es fugaz y distante, y quizá valga la pena en ambientes cerrados mal ventilados y establecimientos socio-sanitarios (que en todo caso hay que evitar en lo posible). El contagio se da durante el contacto estrecho, pero más por compartir objetos y superficies que por otra cosa.

    La vida no es un valor supremo, la salud tampoco. Si vale la pena vivir la vida y tener salud es para disfrutar de la vida. No vale la pena vivir en un sarcófago para lograr una larga vida. Hay que saber encontrar un equilibrio entre riesgos y beneficios, que es social pero sobre todo personal.

    – En un artículo relativamente reciente ha planteado usted que las generaciones venideras nos juzgarán por lo que hagamos con: a) las cárceles, b) las granjas, c) los asilos de ancianos y d) el cambio climático. ¿Por qué le parecen tan fundamentales estos cuatro problemas?

    La especie humana ha sido tolerante con sus miembros y con la Tierra que le acoge. Así ha sido por cientos de miles de años, y de ello ha dependido nuestra supervivencia. Hay que tolerar la disidencia, hay que comprender el sufrimiento personal y colectivo, también de los animales y plantas que con-viven con nosotros. Si transformamos en un horror las cárceles, la granjas, los asilos de ancianos y el medio ambiente estaremos suicidándonos como especie y las generaciones venideras nos juzgarán severamente. Es un «egoísmo inteligente» el que nos exige tolerancia para que no existan, o sean amables, las cárceles, granjas y asilos y para conservar el medio ambiente. Puede que parezca que somos ajenos a todo ello pero es falso. El mundo es ancho, cierto, pero no no es ajeno. Todo lo humano nos concierne, y no conviene perder la humanidad de ser piadosos y tiernos con quienes ocupan cárceles, granjas y asilos, y quienes sufren el cambio climático; es decir, con todos y con nosotros mismos.

Algo de cordura, dentro de esta locura. ¡A mi juicio!

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Sw. Veet Agustin

Rueda de prensa: LAS VOCES SILENCIADAS DE LA CIENCIA MÉDICA Y EL DERECHO

Micrófono

Rueda de prensa: LAS VOCES SILENCIADAS DE LA CIENCIA MÉDICA Y EL DERECHO

Rueda de prensa celebrada en BILBAO 18/08/2020
LAS VOCES SILENCIADAS DE LA CIENCIA MÉDICA Y EL DERECHO.

Presentación de las 3 iniciativas de escala global promovidas por los colectivos de ciudadan@s vasc@s que se organizan para afrontar una situación tan grave.

Contenido:
La Gestión totalitaria en tiempos de «pandemia». Breve repaso al panorama medico-legal en la gestión de la actual crisis.

Comparecientes:
Dr. KOLDO ASO MEDIALDEA (Médico de familia)
Dr. KARMELO BIZKARRA MAIZTEGI (Médico integrativo)
D. LUÍS DE MIGUEL ORTEGA (Abogado-Enfermero con toga)

Presenta:
IDOIA LARRAÑAGA (Nutricionista y terapeuta)