La infancia determina la conducta en la vida

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La infancia determina la conducta en la vida

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1º- Si el niño se encuentra en un ambiente adecuado, con abundantes caricias positivas incondicionales, donde los padres y el resto del grupo familiar dan y reciben lo que necesitan tanto material cómo psicológicamente, aprenderá a estar bien y percibirá que sus padres y demás familiares también lo están.
 
2º- Pero si esto no ocurre, si el niño no recibe las caricias que necesita, las buscará; anticipará conductas que sean generadoras de premio: será obediente, respetuoso, ordenado, sumiso….. o de cualquier otra manera que «complazca» o que cumpla con las expectativas de sus padres. Con tales comportamientos conseguirá caricias positivas, sin embargo, estas serán a condición de hacer lo que los otros esperan y, por tanto, aprenderá a estar bien cuando realice lo que quieren o esperan los demás.
 
3º- Si esta conducta adaptativa tampoco lleva a la consecución de caricias necesarias, el niño anticipará conductas generadoras de castigo: será egoísta, opositor, sucio, rebelde, … y con ellas conseguirá caricias condicionales negativas que, al menos, son caricias y sirven para nutrir su hambre básica. Esto aún en perjuicio propio.
 
4º- Puede todavía ocurrir que también estos comportamientos le lleven al fracaso en su deseo de satisfacer su primaria necesidad de caricias; es posible que entonces enferme, somatizando así su desasosiego interior, o puede que se lesione, o que tenga frecuentes accidentes, … Tal vez de este modo consiga, al menos, caricias de lástima o de rechazo. Aprenderá así a estar mal porque así es como consigue ser tomado en cuenta. Ocurrirá además, que estos comportamientos se van a ir repitiendo porque no se ha llegado a ellos por casualidad, su desarrollo e implantación ha seguido unas leyes naturales, la repetición creará hábito y el resultado va a ser el anquilosamiento de una forma de ser, de estar y de conducirse por la vida. De esta manera, en virtud del tipo de caricias que una persona ha sido capaz de conseguir durante su infancia se va a fijar el procedimiento para conseguirlas durante toda su vida. Desde luego cambiarán las situaciones, las personas, … pero la necesidad básica y el mecanismo para satisfacerla será el mismo.
 
E. Berne
 
Compartido desde la pág. de Julián Gordini
¡Tal cual!
¿Y tú de qué vas por la vida?
  • De buena persona
  • De rebelde
  • De víctima
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Sw. Veet Agustin

El poder de la conciencia colectiva

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El poder de la conciencia colectiva

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-Un agricultor tenía el mejor cultivo de maíz.

-Cada año llevaba su maíz a la feria del estado donde le galardonaban.

-Un año un periodista lo entrevistó y se enteró de algo interesante acerca de cómo cultivaba su maíz.

-El reportero descubrió que el agricultor compartía su semilla de maíz con sus vecinos.

-«¿Cómo puede darse el lujo de compartir sus mejores semillas de maíz con sus vecinos cuando están entrando en competencia con la suya cada año?

-¿Por qué lo hace señor?» Preguntó el reportero.

-El granjero respondió:

-«Porque el viento recoge el polen del maíz maduro y lo mezcla de campo en campo.

-Si mis vecinos cultivan maíz inferior, la polinización cruzada degradará de manera constante la calidad de mi maíz.

-Si quiero cultivar buen maíz debo ayudar a mis vecinos a cultivar maíz bueno también.»

-Así es con nuestras vidas…

-Los que quieren vivir de manera significativa deben ayudar a enriquecer las vidas de los demás, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca.

-Y aquellos que eligen ser felices ayudan a otros a encontrar la felicidad, porque el bienestar de cada uno está ligado al bienestar de todos…

-Llámalo poder de la colectividad…

-Llámalo un principio de éxito…

-Di que es una ley de la vida…

-¡¡El hecho es que ninguno de nosotros realmente gana hasta que todos ganamos!!

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Luis Fernando Flores Orellana

La teoría de la autodeterminación o cómo motivar de manera eficiente

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La teoría de la autodeterminación o cómo motivar de manera eficiente

Si nos paramos a pensarlo veremos enseguida que hay cosas que hacemos sin esfuerzo, de manera natural, y hay otras que si no fuera por obligación nunca haríamos. Las primeras son actividades que nos resultan placenteras o interesantes en sí mismas, como pueda ser ir a la playa, dar un beso o leer una revista. No hace falta que nos motiven desde el exterior para llevarlas a cabo. Es lo que llamamos motivación intrínseca.

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En las otras, como levantarnos cada mañana para ir a trabajar o limpiar la casa por ejemplo, realizamos un esfuerzo y lo hacemos bajo una motivación que proviene del exterior. Lo hacemos para conseguir un premio o para evitar un castigo, ya sea cobrar un sueldo, que no te despidan o evitar que nos coma la mugre en casa. Esto es lo que se llama motivación extrínseca. En este artículo vamos a aprender a interiorizar la motivación para no depender tanto de motivaciones externas.

Un error muy común que cometemos, por ejemplo, los padres, es motivar extrínsecamente a nuestros hijos por tareas que a ellos les atraen en un principio de forma intrínseca. Por ejemplo, si de repente descubrimos a nuestro hijo leyendo, o dibujando espontáneamente, un padre bienintencionado puede premiarle de alguna manera para que continúe con esa conducta, tal vez con algún dulce, con tiempo de videojuegos o colocando una estrellita en la pared.

Incluso puede cerrar con él un trato que consista en que, por cada libro que se lea o cada dibujo que haga, conseguirá cualquier tipo de premio. Ahí lo que estamos haciendo es convertir una motivación intrínseca en una motivación extrínseca. De repente el niño ya no se mueve por el interés que le generaba la propia tarea, sino para conseguir el premio y, en consecuencia, el día que no haya premio dejará de estar interesado.

Lo que hemos hecho ha sido instrumentalizar su motivación interna. En lugar de fomentar sus intereses y satisfacciones personales, hemos desplazado el interés genuino hacia algo externo.

En efecto, los premios externos hacen disminuir la motivación intrínseca (suponiendo que ésta existiera desde un principio, por supuesto). Por lo tanto, es mejor usar premios solamente para motivar conductas que no pertenezcan por derecho propio a la esfera de los intereses del niño o de la persona.

La teoría de la autodeterminación

 

Los psicólogos Richard M. Ryan y Edward L. Deci (2000) propusieron la teoría de la autodeterminación, mediante la cual proporcionaron ciertas claves para conseguir justo lo contrario de lo que acabo de explicar: Ryan y Deci buscaban la manera de convertir una motivación extrínseca, es decir, controlada por premios y castigos, en una motivación intrínseca, controlada internamente por intereses personales. Para ello, según estos autores, podemos apelar a tres necesidades básicas del ser humano:

  1. La necesidad de autonomía o autodeterminación. De aquí el nombre de su teoría. Los seres humanos amamos nuestra propia autonomía. Si nos marcan un camino único y no se nos permite libertad de acción, nuestra motivación intrínseca decaerá. En esta línea, es mejor proponerle a un niño “¿Qué prefieres primero, recoger el desayuno o hacer la cama? Tú eliges” que ordenarle “Recoge el desayuno y luego vete a hacer la cama“. Fomentando su autonomía aumentaremos su motivación. Lo mismo para subordinados o compañeros en un ambiente laboral.
  2. La necesidad de competencia. A los seres humanos nos gusta hacer las cosas bien. Por eso muchas veces coincide que lo que más nos gusta hacer es precisamente lo que mejor hacemos. Cuando a alguien se le da bien hacer algo, es fácil que le satisfaga repetirlo. Por eso es muy importante dar feedback positivo para mantener conductas. Esto significa prestar atención, sonreír, verbalizar que se está haciendo bien, alabar los esfuerzos… Pero, ¡ojo! Este lenguaje no debe ser controlador, o estaremos faltando a la primera necesidad, la de autonomía. No debe sonar así: “Lo has hecho muy bien, como es tu obligación“, sino más bien así “¡Estás mejorando mucho! Cada vez lo haces mejor“.
  3. La necesidad de relacionarnos de forma segura. Somos seres sociales, necesitamos relacionarnos y necesitamos hacerlo en un entorno seguro. Esto significa que en aquellas actividades en las cuales estén implicadas personas con las que hayamos afianzado una base relacional segura, estaremos más motivados intrínsecamente y nuestro nivel de compromiso será mayor. No es igual de motivador llevarse bien con nuestros compañeros de equipo que mantener relaciones trufadas de envidias y desconfianzas. En el caso de los niños, no es lo mismo cuando el feedback positivo lo ofrece el progenitor de mayor apego que cuando el refuerzo proviene de un profesor ambivalente que a veces le da miedo.

Por lo tanto, si queremos motivar a nuestro hijo de forma intrínseca (sigamos con el ejemplo de fomentar la lectura), según la teoría de la autodeterminación podemos tomar tres medidas:

1) darle a elegir entre una serie de lecturas diversas, para que él elija empezar por lo que más le gusta (necesidad de autonomía).

 

2) reforzarle positivamente con palabras de orgullo, recordándole que está haciendo un gran trabajo a medida que progrese (necesidad de competencia).

3) compartir con él la actividad, por ejemplo, leyendo los mismos libros para hacer coloquios y comentar las lecturas una vez que se hayan concluido (necesidad de relacionarnos).

En caso de que falle el intento de fomentar la motivación intrínseca, nos quedará la opción de motivación extrínseca mediante premios. Pero en mi opinión es mucho mejor conseguir que las propias actividades sean reforzantes en sí mismas, aunque esto no sea siempre posible.

 

Y también conviene tener en cuenta que el castigo, aunque recomendable en algunos casos (por ejemplo, en situaciones que entrañen peligro para uno mismo o daños a terceros), suele ser la técnica menos eficiente y con mayores efectos colaterales, aunque nos parezca muchas veces la más fácil a corto plazo.

“Todo tiene belleza, pero no todos pueden verla”

Confucio.

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Sw. Veet Agustin

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Psicopedia

Ser positivo es una cuestión de actitud

Xavier-Miralpeix

Ser positivo es una cuestión de actitud

Xavier-Miralpeix

Cuando uno es consciente de que la vida no es lineal, es cuando es capaz de vivir en el presente sin reprochar, ni quejarse de esas circunstancias que a veces nos desalientan o nos sacan fuera de nuestra zona de confort.

Ser positivo no viene con nuestro ADN, es una decisión, es una actitud ante la vida, es un posicionamiento que nos enroca en nuestro bienestar.

Porque cuando no interpretas en contra de las circunstancias, te conviertes en un mero observador de la vida, sin juzgar y con neutralidad.

Es como experimentar una circunstancia adversa sin formar parte de ella en un plano racional a pesar del dolor, sin interpretar ni entrar en modo víctima, dejando ir el dolor y que este siga su curso, sin enquistar la circunstancia a través del sufrimiento mental.

Creo que el peor enemigo de la superación es entrar en el victimismo y creerse no merecedor de eso malo que nos ha pasado, en vez de entender que, simplemente, la vida no es lineal.

De esta forma somos capaces de aprender de las circunstancias adversas y abandonar la queja que nos mantiene inmóviles en el sufrimiento y en la no aceptación.

www.xaviermiralpeix.com

Aprender de las circunstancias adversas y abandonar la queja que nos mantiene inmóviles en el sufrimiento y victimismo.

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El miedo a nuestra propia grandeza o ‘complejo de Jonás’ un trastorno muy habitual

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El miedo a nuestra propia grandeza o 'complejo de Jonás' un trastorno muy habitual

El complejo de Jonás es más habitual de lo que parece así que no dejemos que nos trague la ballena. Abraham Maslow padre de la psicología humanista, acuñó el término “Complejo de Jonás” inspirándose en el personaje bíblico, para identificar una neurosis que habita en el ser humano: el miedo a la propia grandeza o huida del propio destino.

El Complejo de Jonás es, en suma, la negación de la capacidad de uno mismo para desarrollar su potencial, es el miedo y la ansiedad frenando nuestra visión de grandeza… sabes que vales para algo, lo visualizas, prevés el éxito y te asustas frenándote con la respuesta contraria, asegurándote que eres incapaz, haciéndote descender hacia el lado mediocre.

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Jonás tenía un mensaje de Dios y una labor de intermediario en el pueblo de Nínive. Pero temió de su propia figura, se asustó y se escondió. Se sintió incapacitado de ese ejercicio, descreyó de sí mismo (“¿Quién?, ¿Yo?…”). Y Dios le envió una ballena que se lo tragaría por 3 días y 3 noches. Después de ese lapso, la ballena lo vomitó y Jonás aceptó el destino para el que había sido escogido y llevó su mensaje a Nínive.

La explicación de Maslow es que al igual que tememos lo peor de nosotros tememos, también, lo mejor, tememos a nuestras máximas posibilidades. Por lo general nos asusta llegar a ser aquello que vislumbramos en nuestros mejores momentos, en las condiciones más perfectas y de mayor coraje. Gozamos e incluso nos estremecemos ante las divinas posibilidades que descubrimos en nosotros en tales momentos cumbre, pero al mismo tiempo temblamos de debilidad, pavor y miedo ante esas mismas posibilidades.

Podríamos pensar, entre tantas cosas, que para desplegar “nuestra misión”, debemos romper nuestros moldes aprendidos. Como Jonás, que para desplegar su misión debía enfrentar el desafío de salir del refugio (pseudo-protección) de la ballena: la personalidad limitante.

Para ello debemos analizar y profundizar en que quizás nuestra personalidad actual fue elegida en pos de encajar en el mundo “adulto y moderno”: una Identidad no auténtica (con sus propios hábitos, valores, mecanismos de defensa, etc.). Una ballena que nos ha comido sin siquiera darnos cuenta.

Maslow dice al respecto, que frente a los grandes hombres o mujeres que se hallan en su máxima realización humana, surgen sentimientos de admiración; pero también emergen (y a veces no tan escondidos) sentimientos de hostilidad y envidia. Le proyectamos a esa persona “contra-valoraciones”. Y así, ¿quién tiene el coraje de mostrarse diferente, de mostrarse mejor que otros en algo novedoso y único?

Todos podríamos ser mejores de lo que somos si, en lugar de malgastar nuestra energía en envidiar las cualidades ajenas, aprendemos a amarlas, admirarlas para así también reconciliarnos con las propias ya que es un acto de generosidad entregar al mundo lo mejor de nosotros mismos.

¡Lo tengo!
¿Lo tienes?

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